Los espectros del Che

En una región del oriente de Bolivia se encuentra la ruta del Che, un conjunto de lugares donde combatió hasta su muerte (Ñancahuazu, El Churo, La Higuera, etc). Esos lugares se han convertido en centros de peregrinación donde se venera su imagen.

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Parecería que igual que Emiliano Zapata en México, aquí también el Che sigue viviendo cabalgando como un fantasma o un espectro en la noche ¿como surge esta veneración que con el paso del tiempo crece y crece? Es indispensable volver la mirada al momento en que el Che llegó a Bolivia ¿cómo era el país en los años 60? Me encuentro con amigos que ven el pasado en forma muy clara y se acuerdan de todo. Yo tengo mala memoria, solo veo sombras, huellas y signos invisibles.

En los años 60, años de mi infancia, todo era confuso. No puedo distinguir bien lo que sucedía. La realidad nacional y mundial parecen una misma cosa. Había un ambiente enrarecido como de que algo malo pronto ocurriría. Por las noches con la familia escuchábamos una radionovela: Los tres Villalobos (no me vas a creer si te digo que no teníamos TV) Los personajes no parecían de ficción sino de la vida cotidiana como una lucha histórica contra el mal representada por el comunismo y sus abanderados como el «Médico asmático» El Che y el «Tirano del Caribe» Fidel Castro.

Cuando efectivamente vino a Bolivia el Che, la sociedad ya estaba preparada para ver en él el símbolo del diablo. Cuando murió el general Barrientos (presidente de entonces) toda la sociedad vio en él a uno de los hermanos Villalobos. Este presidente que encarnó la reacción derechista de los militares contra la revolución de 1952 representó la cruzada religiosa contra los símbolos del comunismo.

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No me vas a creer si te digo que en mis primeros años ya había en el ambiente político una atmósfera favorable a la defensa de Estados Unidos. Se sentía constantemente la presencia de los gringos. En la perspectiva de prevención de la expansión cubana, el gobierno estadounidense enviaba junto con la leche y otros alimentos, radionovelas como Los tres Villalobos. Por eso es que cuando asesinaron a John Kennedy la sociedad nacional sintió como si hubieran matado a su propio presidente. Estos sentimientos correspondían al hecho de que la percepción del destino nacional estaba identificada profundamente con el destino de los Estados Unidos. El proceso de condicionamiento ideológico provenía de la contrarrevolución de fines de 1950, al final de los años sesenta se dio de nuevo una crisis muy grave. A nivel mundial se cuestionó el predominio de Estados Unidos y todo lo que representaba el sistema occidental, surgieron los movimientos estudiantiles, juveniles y de liberación nacional.

En la Bolivia de los años 60 todos esos acontecimientos se percibían como síntomas de un apocalipsis. En ese contexto apareció el Che. La sociedad boliviana no escapaba a la gran crisis mundial, crisis de la modernidad. Y es que el problema de la modernidad hasta hoy sigue siendo el gran problema de América Latina. ¿Debíamos y debemos modernizarnos según el modelo de Gringolandia? Tal vez sea necesario recordar la infancia, una y otra vez, no por pura nostalgia, ni como un conjunto de anécdotas individuales sino como marcas ideológicas del sentir colectivo.

¿Será que el Che ha muerto? Los espectros no mueren ni se olvidan. Su figura se agiganta frente al capitalismo del presente, destructor de la naturaleza, del medio ambiente, que solo ocasiona más guerras, pandemias, golpes de Estado, extrema pobreza y desempleo. No es nada nuevo decir (y no hay que cansarnos de repetirlo) que quizá el Che se ha vuelto inmortal porque es imposible matar la esperanza de vivir en un mundo mejor.

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