Liliana Colanzi: ciencia ficción, ecología y narrativa boliviana contemporánea

Liliana

Ustedes brillan en lo oscuro, de Liliana Colanzi

En la literatura contemporánea hay muchas obras que tratan del daño al medio ambiente y a la naturaleza. Así, Italo Calvino en La nube de smog, Philiph Dick en Blade Runner, Margarite Duras en Hiroshima mon amour y recientementeAndrés Newman en Fractura (que alude al accidente nuclear de Fukushima), nos hablan de la contaminación del aire y del mal uso de la energía nuclear.

En este artículo no nos referiremos a esas obras que giran fundamentalmente en torno de la realidad de Estados Unidos y de los países europeos, sino más bien de una tendencia reciente en la literatura latinoamericana que de un modo inédito afronta los problemas de la destrucción o del daño irreparable de la naturaleza.

Así, Samanta Schweblin (Argentina) en Distancia de rescate trata el tema de la contaminación a raíz de las fumigaciones en el campo, lo que produce graves malformaciones en el cuerpo humano.

Liliana Colanzi (Bolivia) y Gioconda Belli (Nicaragua) nos plantean la situación de la comunidad latinoamericana en un contexto apocalíptico, cuando las ciudades se convierten en cementerios o vertederos de las plantas nucleares.

Este episodio de una contaminación que sucedió en Brasil también le sirve a la escritora boliviana Liliana Colanzi para escribir su cuento “Ustedes brillan en lo oscuro”.   En este cuento se trata de recuperar del olvido esta tragedia que sucedió un año después de la catástrofe de Chernobil.  La autora intenta remarcar que la cuestión nuclear no es un problema ecológico europeo sino también latinoamericano.

Pero en este cuento la autora no trató tanto de reflejar históricamente ese hecho sino de recrearlo a través de la ficción, hay un personaje llamado Devair que es un recolector de basura y que un día encuentra un tubo azul. Fascinado por su brillo, quiere hacer de él un anillo para regalarle a su mujer. Pronto se propaga la contaminación apareciendo síntomas de cáncer. La autora no quiere dar explicaciones racionales sobre las consecuencias en la salud pública y mucho menos explicar de donde salió el tubo. Lo que intenta hacer es destacar las sensaciones y emociones que produjo, como, por ejemplo, la indiferencia que el hecho provocó dentro de un pueblo miserable. En este contexto resulta comprensible que los jóvenes acosados por el hambre dicen que antes que el cáncer, los matará la policía.  

¿Y qué sucede cuando la mujer de Devair observa el tubo azul que por las noches le produce dolor de cabeza?  Igual que los amigos de Devair se sienten hipnotizados por la llamita azul que simboliza la luz de la muerte. Hay entonces en este cuento una descripción de las sensaciones interiores de estos personajes que se encuentran frente a una aparición sobrenatural que anuncia el apocalipsis. Y es que este tema del apocalipsis es algo recurrente en la obra narrativa de Liliana Colanzi. El conflicto entre la modernidad y lo arcaico se expresa como una serie de oposiciones entre los símbolos de la luz y de la oscuridad, entre lo espiritual y lo animal, entre la vida y la muerte.

Hay algo muy conmovedor en este cuento cuando la autora nos describe a una joven que pierde a su padre (por efecto de la contaminación) y al ser despedida de su trabajo se va a Sao Paolo y que cuando llega a un hotel y le preguntan de donde viene le dicen que los que vienen de Goiania, son aquellos que  brillan en lo oscuro.

Estamos entonces ante un cuento que linda con lo fantástico porque las personas contaminadas con la luz azul caminan por las calles brillando en la oscuridad. Nos sobrecoge el hecho de que estos habitantes de una aldea rural latinoamericana que desconocen totalmente los peligros de la modernización al estilo capitalista occidental pasan su vida en los basureros nucleares. Basureros altamente tóxicos que, en la mayoría de las ciudades de América Latina, los políticos no quieren trasladar porque no hay donde. Lo que vemos entonces en la obra narrativa de esta autora es una mirada descorazonadora sobre la existencia de estos cementerios de desechos nucleares sobre los que nadie quiere reconocer ni hacer nada.

En otro cuento, “Atomito”, Liliana Colanzi nos habla de un muñeco mascota que hace la publicidad de una planta nuclear en la ciudad de El Alto, La Paz, Bolivia. En los alrededores de esta planta está el barrio aymara de La Yareta. Los habitantes tratan de sobrevivir con trabajos informales o reciclando computadoras, celulares y todo de desechos industriales. Ahí están personajes híbridos y barrocos como la chica Kurmi Pérez (de nombre aymara y apellido español), el Moko que trabaja como Pajpaku (un brujo indígena), Perséfone Mamani una cholita  karateca; un vendedor de pollos Bin Laden, Orki, un disjokey, etc.,  todos son jóvenes punketas tratando de sobrevivir en un contexto de alta contaminación industrial. El Alto de la ciudad de La Paz es una ciudad con una permanente guerra entre terroristas y las “Fuerzas de Lucha contra el crimen”.

Es interesante el modo en que en este relato la trama gira alrededor de lo que sucede después de la caída de un rayo en la planta nuclear (otras versiones decían que no fue un rayo sino un ataque de terroristas). Lo más moderno se confunde con lo más arcaico como cuando la explosión ocasiona el retorno de las almas de los ancestros (unos resplandores que surgen en las instalaciones de la planta nuclear).

Después de la explosión aparece Atomito, pero sin embargo no es la primera vez. Ya apareció antes representado como una nube junto con una virgen en una pintura de la época virreinal. Esta reaparición surge en el presente como símbolo de las promesas que trae la planta nuclear como un paquete de ilusiones de la globalización capitalista para un país subdesarrollado. Lo más sorprendente es que la autora mezcla símbolos de diferentes épocas, del pasado, del presente y del futuro de tal forma que los mitos premodernos y las sobrevivencias mágicas, como la creencia en las almas o el despertar de las wacas (dioses prehispánicos) después de mil años, se mezclan con símbolos como los muñecos como Atomito que representan a niños robotizados.

Leer más

Deja un comentario

Descubre más desde Samuel Arriarán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo