
En este trabajo se trata del tema de la autoficción en la obra narrativa de dos escritores bolivianos: Rodrigo Hasbún y Liliana Colanzi. Se plantea que la autoficción no se reduce a un solo género literario sino que combina a todos, desde el realismo, el intimismo, lo fantástico, hasta la ciencia ficción (este último género sobresale en la narrativa de Liliana Colanzi). La hipótesis es que en la obra narrativa de esos dos autores no hay contraposición entre los géneros literarios porque no la hay entre autoficción y emancipación. La autoficción les garantiza una inserción de lo personal en la historia y el contexto social desde una perspectiva estética, es decir, no plagada de sociologismo. En ambos autores hay alusiones críticas a la realidad pero desde un trabajo artístico. Por ejemplo cuando nos trazan descripciones sobre la vida familiar, de la escuela o del barrio. Lo que se destacan son siempre las difíciles relaciones entre padres, hijos, hermanos o entre amigos, relaciones mezcladas por la crueldad y la compasión, el placer y el dolor, el alma y el cuerpo, la memoria y el olvido.

¿Qué entender por autoficción? Hoy en día una gran parte de la literatura contemporánea se caracteriza por presentarnos a los autores como personajes de sus propios relatos. Este es uno de los recursos más utilizados para estructurar obras capaces de impactar a los lectores introduciéndoles en la ficción, y de esa manera comprender mejor el contexto histórico y social. Esto es lo que sucede en la obra narrativa de Rodrigo Hasbún y de Liliana Colanzi. Ambos autores salieron de Bolivia con una beca para hacer estudios de posgrado en Estados Unidos. Allá se quedaron y desarrollaron algunos de sus más importantes relatos en forma de autoficciones basadas en recuerdos de infancia y adolescencia en Bolivia. Más que detalles simpáticos las referencias autobiográficas son marcas ideológicas y formas de hacer historia. Aunque han recorrido muchos países y ciudades, la obra narrativa de Hasbún se concentra siempre en la ciudad de Cochabamba , mientras que la de Colanzi en Santa Cruz de la Sierra. Pero la autoficción no se reduce a lo individual sino que les sirve para configurar situaciones complejas de interacción entre lo moderno y lo no moderno, entre los mitos de esas regiones, entre las tradiciones locales y universales. Como parte de la reciente literatura latinoamericana hay una mirada oscura, ambigua sobre la realidad actual. Esto no impide que en estas narrativas existan implicaciones didácticas ya que al romper con los códigos sociales e institucionales dominantes, posibilitan la valoración de las lenguas para su preservación y cuidado en el contexto actual de avasallamiento de las culturas locales.
1. La autoficción en Rodrigo Hasbún
La autoficción en Rodrigo Hasbún se desarrolla principalmente en su novela Los años invisibles (2020) y en algunos cuentos como “Álbum” (2006) además de Los días más felices (2011). Claro que no todo es autoficción en la obra narrativa de este autor, Esto se demuestra en sus novelas El lugar del cuerpo (2007) y Los afectos (2015).La novela El lugar del cuerpo trata de una escritora moribunda que recuerda su vida. Vivió en el extranjero cosechando éxitos literarios. Lo que no le deja disfrutar y le causa gran dolor es una herida traumática, un hecho que sucedió en su infancia cuando fue violada por su hermano. Es un recuerdo incurable que acaba por desbaratar su existencia. Cuando regresa al país la reciben con los brazos abiertos pero ella no siente más que molestia y angustia. Habla con su hermano que tiene su familia pero solo para comprobar que todo está en el olvido. La ciudad no es la ciudad de antes, hay un lazo roto entre el pasado y el presente. La vuelta del exilio no sirve de nada, no se puede curar de los hechos del pasado. La ciudad es extraña, ajena o desconocida. Aunque el tema es similar a Los años invisibles, la protagonista es Elena que relata su infancia, juventud y vejez. En otra novela Los afectos se trata de una familia alemana que emigra a Bolivia. Hay tres hermanas, una de ellas Monika acaba en la guerrilla y las otras vuelven a Alemania.
Tal parece que la novela es una continuación de la temática de los cuentos alrededor de la vida de colegio. Hay un tema recurrente: la vida en Cochabamba en los años 90, vida que se evoca desde hoy (2020). En estos relatos se plantea el tema de la memoria como ruptura radical del vínculo entre el presente y el pasado sin ninguna posibilidad de que pueda reestablecerse. El punto de partida es la salida de Bolivia como de un edén hacia el infierno (representado por la vida en las ciudades extranjeras). Se trata de la experiencia de un grupo de alumnos de secundaria, de una generación sin internet, pero que aparentemente vivieron bien sin las nuevas tecnologías de la información. Hoy, en cuanto vivimos totalmente saturados por celulares, pantallas y todas esas tecnologías sin las cuales no podemos vivir, resulta difícil imaginar cómo era posible vivir desconectados.
Después de 21 años cuando algunos se reencuentran en el extranjero, su vida ya se ha transformado y el recuerdo de los años pasados es un tormento, nunca una tranquilidad. Y es que en efecto la migración confirma la imposibilidad de retorno a esos años invisibles cuando todo parecía transparente y sencillo. En Houston, Rodrigo (al que llama Julián) recuerda su vida escribiendo una novela sobre Andrea (luego sabremos que es la novela que estamos leyendo). En esos años su pareja era Luisa que después de fue a vivir a Miami volviéndose adicta a la cocaína. De Julián sabremos que estuvo en un grupo de rock, que antes de ser escritor quería ser músico. En esta novela es donde mejor aparece la autoficción ya que el narrador es el mismo Rodrigo Hasbún que se coloca como personaje de la historia.
En otro cuento Álbum (2006) hay un argumento similar cuando Alejandra soñaba con ser una escritora. Ella vivía una sexualidad libre, no se hacía problemas al convivir con su profesor. Estaba obsesionada con el sexo; se afeitaba el pubis para atraer mejor a los hombres. Su novio se va pronto del país. La estructura narrativa tiene la forma de un diario; día a día el novio describe su vida en sus años juveniles junto a Alejandra. En Los años invisibles, detrás de Alejandra construye otro personaje a la que llama Andrea. El tema es el mismo, la ruptura del vínculo entre el pasado y el presente. Lo que interesa es la relación entre la memoria y el olvido.
Los años invisibles tiene como contexto el gobierno de Sánchez de Lozada en los años de 1993 a 1997. La novela trata fundamentalmente de dos historias: la de Ladislao y Joan y la de Andrea y Humberto, Andrea siendo adolescente tuvo un embarazo, no quiso tener el hijo por lo que acudió a un médico que la ayudó. En ese lapso tuvo una pelea con su novio Humberto, a quien no amaba. No sentía con él ningún placer. Cuando le dijo que ya no le quería, éste la agredió y en ese momento apareció la hermana de Andrea que le disparó ocasionándole la muerte. Veintiun años después en Houston, Andrea recuerda el incidente mientras le cuenta a Julián que ya no volvió a Cochabamba y no quería volver porque odiaba el lugar. Le dice una mentira: que ahora vive sola y feliz.
En la otra historia Ladislao era un aspirante a director de cine, Joan era su profesora de inglés; los dos fumaban marihuana para ver películas de grandes directores. Cuando están en Cochabamba, Ladislao le pregunta por qué eligió a esta ciudad para vivir; le responde que es un lugar donde a la gente no le preocupa el dinero y la acumulación capitalista, que nadie tiene preocupaciones sobre el futuro. Ladislao quiere ser el mejor cineasta de Bolivia pero tiene miedo. Aquí escuchamos la voz de Rodrigo Hasbún convertido en un personaje más de la novela haciendo comentarios como el siguiente: “Lo que les espera a ellos, lo que serán y dejarán de ser, lo que querrán ser y nunca serán. El futuro que quizá sea un poco cruel y despiadados con algunos” (Hasbún, 2011, 70).
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