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En los últimos años se insiste en la necesidad de introducir valores en el sistema educativo. Parecería que ante la grave crisis de la educación se busca otro tipo de racionalidad frente a la práctica tecnocrática neoliberal. Incluso se da el caso de la necesidad de modificar la enseñanza secundaria a partir justamente de la introducción de nuevas asignaturas. En vez de civismo se plantea la necesidad de enseñar valores y virtudes. Pero no es mi propósito referirme solamente a cambios coyunturales en la enseñanza básica, sino a intentar explicar problemas estructurales de la educación mexicana en general.
El problema de los valores en educación tiene que ver con una problemática más general ¿cuáles son las raíces históricas e ideológicas de nuestro sistema educativo moderno? ¿por qué la educación en México eligió basarse en valores relacionados más con la lógica, el cálculo racional y el pragmatismo? ¿cuáles son los valores alternativos a la educación neoliberal?
En México en torno de este tema ya se habían elaborado investigaciones hace por lo menos más de una década. Justo es reconocer que uno de los primeros trabajos fue el de Teresa Yurén. Según ella, la modernización educativa no puede ser concebida simplemente como una subordinación a las necesidades del capital y la eficientización de las instituciones educativas en detrimento de la calidad formativa de la educación, sino que se debe repensar la dimensión de la eticidad. Como parte de esta dimensión de la eticidad se puede rescatar lo que la autora denomina una «educación valoral», es decir, algo contrario a lo que se ha dado en llamar «educación de calidad» o de «excelencia».
Según este punto de vista, la educación en sentido de asumir la ética como un proyecto conforme a valores se orienta a fines y principios cualitativos ya que son insuficientes los parámetros que se establecen oficialmente para evaluar el trabajo educativo, sobre todo porque en su mayor parte obedecen a aspectos cuantitativos. (1)
Esta es quizá una de las preocupaciones principales que llevaron a Teresa Yurén a elaborar una rigurosa investigación. Ella misma se refiere a esta situación posterior al derrumbe del socialismo, situación que también marca el fracaso de los proyectos de modernización que podían ser una buena salida (en sentido de aspirar a otra educación no manipuladora). Este fracaso no sólo afecta a Europa sino también a todos los países de América Latina, en especial a organizaciones y fuerzas de transformación social.
https://sarriaran3.wpcomstaging.com/libros/Y es en este contexto, cuando el viraje internacional hacia el neoliberalismo se fortalece cada día más, se nos propone la necesidad urgente de replantear los fines y valores de la modernización educativa para salir de la confusión teórica y de la parálisis práctica. Para ello, es necesario examinar el proceso de re-elaboración de las ideas, es decir, abrirse a la posibilidad de reorientar las teorías pedagógicas a la luz de una educación conforme a otros valores.
O sea que es en esta problemática de los grandes cambios sociales que ocasionan la necesidad de replantear los fines y valores de la modernización educativa es donde podemos apreciar algunas ideas de Teresa Yurén. Ella nos invita a reflexionar en torno de algunas preguntas fundamentales:
– ¿Qué se necesita para replantear los fines y valores de la modernización educativa?
– ¿Podemos todavía seguir sosteniendo una práctica docente comprometida con las luchas para mantener ciertos valores nacionales como el carácter público, laico y gratuito de la educación?
Aunque no encontramos en los planteamientos de T.Yurén respuestas directas a estas preguntas, sin embargo existen observaciones sumamente sugerentes que merecen ser comentadas en forma detenida. Vamos pues a detenernos en sus tesis centrales.
Una de ellas consiste en que, en el caso de México, la modernización educativa no puede ser concebida simplemente como una subordinación a las necesidades del capital y la eficientización de las instituciones educativas en detrimento de la calidad formativa de la educación, sino que se debe repensar la dimensión de la eticidad. Como parte de esta dimensión de la eticidad se puede rescatar lo que la autora denomina una «educación valoral», es decir, algo contrario a lo que se ha dado en llamar «educación de calidad» o de «excelencia». Según este punto de vista, la educación en sentido de asumir la ética como un proyecto conforme a valores se orienta a fines y principios cualitativos ya que son insuficientes los parámetros que se establecen oficialmente para evaluar el trabajo educativo, sobre todo porque en su mayor parte obedecen a aspectos cuantitativos.
Pero además para poder replantear adecuadamente los fines y los valores de la modernización educativa, la autora nos aclara que hace falta una perspectiva teórica orientada a construir un nuevo proyecto de sociedad. En este sentido es que insiste que no se puede hablar de valores abstractos desligados de su contexto social. No hay una sola sociedad ni unos valores generales. Lo que hay son valores específicos de cada sociedad. Una educación conforme a valores tendrá entonces que definirse en función de un proyecto de sociedad. Esto significa que los valores se relacionan forzosamente con un contexto histórico determinado. Mientras que Teresa Yurén establece su distanciamiento con el proyecto de la sociedad neoliberal, no oculta su preferencia por el proyecto socialista. Pero luego aclara que no se trata del «socialismo real» sino que se trata más bien de un pensamiento ilustrado (que proclama ideales como la libertad, justicia e igualdad). Si se quiere recuperar estos ideales, la autora sostiene que los maestros tendrán que retomar antes que nada una posición ética. Para ello, es fundamental no sólo dejar de creer que la calidad depende de mayor cantidad de estímulos económicos sino comprobar si realmente pueden ser capaces de aceptar nuevos desafíos políticos con base en nuevos planteamientos pedagógicos.