La redefinición de la estética ¿y el arte latinoamericano?

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¿Cómo redefinir hoy la estética? A pesar de que disponemos de una gran cantidad de definiciones, todavía no tenemos conceptos precisos. Esto se debe, tal vez, a que nos encontramos con muchas paradojas y contrastes, debido a la enorme complejidad de su naturaleza. Por ejemplo, admitimos que la estética parece haber existido siempre y que, por tanto, se trata de un fenómeno universal, pero al mismo tiempo nos encontramos con demostraciones de que a pesar de tener una esencia común, las definiciones de lo bello son cambiantes en cada época y en cada sociedad.

Así, los griegos se amparaban en la metafísica y la teología para definir la belleza en función de una entidad trascendente (como “esplendor del rostro divino y de lo verdadero”), los modernos en cambio remitían el criterio evaluativo a la subjetividad buscando en el sujeto lo que los antiguos hallaban en la trascendencia del objeto.  A pesar de estos cambios en la historia, lo que permanece es la idea de la estética como “teoría  de lo bello”. Hay que tener en cuenta, además, que el proceso configurador de la estética no es estrictamente teórico, sino que se produce en diálogo indisoluble con la práctica artística no menos que con la evolución de las ideas políticas y sociales.

 Muchas veces se considera la belleza como el objeto específico de la estética. Todas sus variantes (lo sublime, lo grotesco, lo trágico, lo cómico, etcétera) se definen siempre con relación a ésta. Lo sublime, por ejemplo, nos produce no el tipo de agrado de lo bello, sino otra forma de experiencia estética relacionada con el asombro ante la naturaleza. No estamos aquí ante una obra sino frente a algo que ya está y nos produce placer ante lo grandioso. Lo bello es lo que produce un sentimiento extremo de soledad ante el Dios ausente, la paradoja del mundo, la disolución de a comunidad. Lo sublime es entonces algo relacionado con el horror y la tragedia.

Mientras que la estética de lo bello se caracteriza por ciertos valores como la armonía, la proporción, el equilibrio, etcétera, la estética de lo grotesco invierte dichos valores. Se trata de una estética de lo deforme y de lo desproporcionado, algo que ya se insinúa en la estética de lo cómico (por el hecho de que la risa surge espontáneamente ante el exceso o el tropiezo del otro). Lo grotesco y lo cómico se cruzan a través de los tiempos, con mayor énfasis a partir del Renacimiento y en el Barroco. Y en la época moderna alcanza grandes expresiones ¿qué son si no los cuadros de Goya y la literatura de Kafka? ¡Qué mayor imagen grotesca que Saturno devorando a sus hijos! O el personaje de La metamorfosis de Franz Kafka que un día cualquiera despierta convertido en un insecto.

En el caso de la pregunta ¿qué es el arte?, tampoco hay una sola respuesta sino varias. Tal vez lo que habría que hacer entonces es preguntarnos ¿qué entendemos hoy por arte? Al igual que con la estética, también en el terreno del arte, no hay acuerdo entre los especialistas. El estado actual de la investigación se caracteriza por reexaminar la diversidad artística y las razones  por las que se dio una explosión histórica de lo estético y lo artístico. Esto significa entender hoy que la estética no se reduce a lo bello ni tampoco a lo occidental. En este sentido, podemos incluir dentro del arte a las obras producidas en otras culturas no occidentales. Esto significa que, como dice Adolfo Sánchez Vázquez, es igualmente artístico un jarrón chino, un retablo virreinal, una artesanía de Michoacán o una pirámide maya.

1. Arte y tecnología. La revolución del hipertexto

La crisis del arte tiene que ver a su vez con la no reducción de lo bello a lo artístico. Puede haber arte también en la vida cotidiana, en los medios de comunicación (en las historietas o mangas, los dibujos animados, en la tecnología, en el diseño industrial, etcétera). Según la explicación de Jesús Martín Barbero, la creciente importancia de lo medios audiovisuales es lo que permite explicar la transformación de la sensibilidad. Es el caso de la estética audiovisual que posibilita una nueva experiencia estética en la vida cotidiana.

Ciertamente estos nuevos desarrollos de la tecnología que producen una nueva sensibilidad, escapan a la racionalidad con la que estamos acostumbrados a pensar la técnica. Se trata de un movimiento simultáneo de exclusión e integración, que mezcla temporalidades y culturas diversas como las que se entrelazan en el hipertexto, la oralidad y la escritura. Al operar con sonidos, imágenes y textos escritos, el hipertexto provoca una inédita mezcla simbólica. La tecnología y la estética dan la apariencia de estar en armonía, definitivamente reconciliadas ¿estamos ante una nueva ensoñación y neo-romanticismo?

Sobre este punto hay interpretaciones opuestas. Por un lado se sitúan aquellos autores que ven con entusiasmo las enormes posibilidades que se abren para un nuevo uso estético de la tecnología. Particularmente, se trata del surgimiento y desarrollo de un nuevo tipo de arte: el arte digital. El cambio más importante estaría dado por un pensamiento de imágenes. Esto tiene que ver con una especie de retorno a la cultura oral frente al decaimiento de la escritura. Paradójicamente, los nuevos medios de comunicación como la televisión y la Internet nos llevan a un regreso al pensamiento por imágenes (que implica un soporte material no ya en el logos sino en el cuerpo).

Sin duda alguna Eric Havelock ocupa un lugar destacado entre los precursores de esta interpretación, al haber situado su investigación en la conexión entre la oralidad y las nuevas tecnologías. Según la argumentación de Havelock, antes de Platón los seres humanos, de acuerdo con su tradición oral, pensaban no con conceptos sino con imágenes. La oralidad se sostenía no en la mente sino en el cuerpo. Los seguidores de esta interpretación, como Derrik Kerckhove, señalan que  con el advenimiento de la Internet disponemos del primer medio que es al mismo tiempo oral y escrito, mental y corporal, público y privado. O sea que según esto, estaríamos retornando a una cultura oral o mejor dicho a una cultura oral electrónica que ha desarrollado su propia estética.

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