¿Cómo se plantea la multiculturalidad en la obra narrativa de Mario Vargas Llosa? Sabemos que el pasado en la novela histórica no es un mero recurso. El pasado recuperado cumple una alta función social al ayudar a reconstruir la historia. De lo que se trata es de ver como las novelas actuales mantienen una diálogo crítico con aquellas formas discursivas que narraron la historia latinoamericana.
La novela multicultural, al igual que la novela histórica, tiene un aspecto cognoscitivo. Es una forma de conocimiento y un modo de afectar la memoria colectiva. No se puede dejar de advertir la presencia de esa realidad histórica multicultural en muchas novelas de Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, La casa verde, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, Conversación en La Catedral, Historia de Mayta, Lituma en los Andes, La guerra de fin de mundo y El hablador). En estas novelas se desarrolla una compleja representación del conflicto social como oposición entre tradición y modernidad, entre magia y progreso, entre mito e historia, entre lo racional y lo no racional.
Vargas Llosa no oculta su inclinación por la racionalidad (equivalente al día y la luz ). La racionalidad se opone a lo oscuro y “lo irracional”. Así, por ejemplo, se observa una oposición entre metáforas diurnas y nocturnas en Lituma en los Andes; bajo la figura la construcción de la carretera estatal se representa el avance de la modernidad, Y en la figura de los pishtakos (una especie de vampiros prehispánicos), se representan las fuerzas de lo oscuro y de los fantasmas del pasado.
En La guerra de fin de mundo existen dos mundos opuestos: el mundo de los indios, negros y yaguzos (monárquicos, creyentes, aliados y abastecidos militarmente por los ingleses), frente al mundo de los republicanos (los ilustrados, ateos). Se trata de una lucha a muerte entre las fuerzas de la premodernidad con sus costumbres salvajes y las fuerzas del progreso con sus rituales racionalistas.
En otra novela (El hablador), la problemática multicultural se plantea también como oposición entre lo racional y lo no racional pero matizado por una fuerte nostalgia por la pérdida de la nación o la patria. Hay cierta ambigüedad cuando se percibe que junto con el triunfo de las fuerzas modernizadoras hay una victoria inesperada del mito y la tradición.
1. Lo multicultural en las primeras novelas
Ya en las primeras novelas de Vargas Llosa se plantean todos estos conflictos multiculturales. En La ciudad y los perros estos conflictos giran en torno del significado del progreso y la patria en los cuarteles peruanos. ¿Qué significan la cultura y la nación entre estos aspirantes a coroneles? Desde la mirada aguda de Vargas Llosa, los reclutas miden su hombría en función de parámetros de la raza blanca. Estos parámetros equivalen a los ideales como el heroísmo, la lealtad y el sacrificio. Es así que “El Jaguar” mide su honor en función de su rebelión a las normas del ejército, así como otros lo hacen en función de su sumisión a las Leyes, como “El Esclavo”. Dentro del cuartel hay un orden simbólico equivalente a lo racional, mientras que afuera del cuartel se presenta el desorden y lo irracional. No se puede dejar de advertir que, así como los espacios simbólicos determinan una oposición entre la luz y la oscuridad, del mismo modo los rasgos raciales fisiológicos determinan los valores morales de los personajes. Lo multicultural aparece en esta novela como en muchas otras del autor, como conflicto irresoluble entre blancos, mestizos, indios y cholos.
En La casa verde se trata de los problemas que acarrea la llegada de la modernidad a un pueblo, Piura la aldea natal de Vargas Llosa; los viejos barrios son afectados por el desarrollo industrial, urbano, pero también por los símbolos de la civilización como los prostíbulos. Es así que la “casa verde” representa esa invasión de los emblemas de la modernidad en su forma liberal extrema.
Lo mismo ocurre en Pantaleón y las visitadoras donde el ejército peruano, o al menos una gran parte de esa institución tutelar, se identifica con el progreso. Lo paradójico es que esta vez se trata de impulsar una cruzada para moderar los impulsos sexuales de los soldados en la selva. Es como si al interior del ejército se tratara de combatir la barbarie (la turbulencia sexual) en nombre de la civilización y de la patria. Las “visitadoras” son las encargadas de amortiguar el desenfreno erótico; cumplen una función de servicio social, antes que de corrupción o disolvencia moral.
En La tía Julia y el escribidor el conflicto multicultural aparece no solo en las radionovelas como por ejemplo en la historia de un vagabundo confundido con un loco que se escapó del manicomio y que resulta un inmigrante africano perdido en Lima, sino también en la misma relación del Varguitas y su amante boliviana. Hay aquí un recorrido geográfico y simbólico entre las culturas del Perú y de Bolivia; vemos el choque entre costumbres complejas y hábitos amatorios que ocasionan conflictos morales que desestabilizan el orden tradicional.

En Conversación en La Catedral, lo multicultural aparece como conflicto de clases, entre la tiranía de Odría y los apristas. El orden estatal se refleja en la quiebra del orden familiar cuando Santiago se rebela ante su familia burguesa casándose con una cholita. Santiago ingresa a la universidad e intenta llevar una vida común con sus amigos comunistas. Al mismo tiempo su padre se dedica a conspirar con una fracción de militares en busca de “la democracia”. En estas situaciones emergen los conflictos multiculturales como oposiciones permanentes entre los blancos, mestizos, indios y cholos. Los mestizos blancoides encarnados en la oficialidad leal al dictador Odría persiguen a los estudiantes comunistas de la Universidad de San Marcos que son estigmatizados como indios. Al final todos los gatos se vuelven pardos. Igual que en La tía Julia y el escribidor, la locura penetra en los personajes. En Conversación en La Catedral ya no se sabe quien es golpista o rebelde. Los que se oponen a la tiranía de Odría son cooptados o premiados con cargos de embajadores. Quizá en esta novela que parece las más “comprometida” del autor, se ironiza sobre la inutilidad de las revoluciones sociales, sin embargo no hay todavía aquí la visión amarga, desencantada y fuertemente impregnada de pesimismo histórico tal como aparece en novelas posteriores como Historia de Mayta.





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