Hoy en día ya no se puede seguir sosteniendo que los grupos étnicos son simples residuos del pasado que irán desapareciendo con el desarrollo capitalista. Por el contrario, parece ser que cada día irán fortaleciéndose por efecto de la intensificación de la explotación y opresión a que son sometidos por el proceso globalizador neoliberal que tiende a ser más homogéneo. Según el pensamiento de izquierda, lo que se puede llamar cultura indígena es la expresión de los vestigios de modos de producción pre-capitalistas. Conforme se generalizan las relaciones de producción capitalistas desaparecen esos vestigios. Pretender por tanto la preservación de la cultura indígena sería algo anacrónico» o «reaccionario». Según este tipo de razonamiento (que se remite a Lenin) los indígenas son explotados en mayor medida en razón de su condición cultural de «indios» que también vuelve más pesada su opresión política. Su auténtica liberación residiría entonces en hacer causa común con el resto de la clase obrera en el marco de la lucha de clases. Es decir, los grupos étnicos tendrán forzosamente que «des-indianizarse» y «proletarizarse».
Recordemos que para Lenin, la migración campesina a las ciudades era un fenómeno progresista. Con base en esta lógica, los partidos de izquierda en México se han manifestado en el pasado en favor de una acelerada proletarización de los grupos étnicos. Podría decirse sin exagerar que también en la mayoría de los países latinoamericanos se expresaron posiciones similares. Pero lo grave de esta situación, no es tanto la permanencia de ese tipo de razonamientos que distorsionan la cuestión étnica subestimándola o reduciéndola según una lógica proletaria clasista. Lo grave en el fondo, es la ausencia de una consideración teórica verdaderamente de izquierda de la cuestión nacional-indígena.
Además de Marx, sólamente Gramsci y Mariátegui (dentro de la tradición socialista) valoraron positivamente algunos aspectos de dichos grupos. Pero el olvido o desconocimiento deliberado de muchas ideas de estos autores, nos hacen suponer que son casi inexistentes o ausentes en la estrategia socialista.
En el caso de Marx, es fundamental recuperar sus análisis sobre la comuna rural rusa y la cuestión irlandesa. Según Marx, el desarrollo capitalista no es algo fatal o inevitable. El ejemplo de la comuna rural rusa le permitió captar elementos progresistas capaces de constituir la base del desarrollo al socialismo sin tener que pasar necesariamente por la etapa capitalista. Por otra parte, el ejemplo de Irlanda, le permitió postular que no todas las luchas son propiamente luchas de clases. Tal como le demostró el movimiento irlandés, se puede hablar de luchas étnicas-nacionales tanto más importantes que la lucha de clases.

En el caso de Gramsci, a pesar de que no conoció las culturas indígenas (como las de América Latina) sin embargo, llegó a postular la importancia de no atenerse a una concepción clasista y recuperar las tradiciones populares como una base para desarrollar una estrategia socialista. En efecto, al hablar de «cultura popular», Gramsci a diferencia de Lenin, matizó su posición en principio negativa de las culturas campesinas (mientras que para Lenin la valoración negativa de dichas culturas parece ser una constante en su obra, para Gramsci sólo fue un momento). Así, Gramsci llegó a desarrollar la idea de que había que valorar positivamente la cultura nacional-popular como expresión necesaria de la hegemonía. Para él no se trataba de conservar las tradiciones campesinas sino de transformarlas cualitativamente a través de una «reforma intelectual y moral». En esta transformación, la filosofía marxista constituiría una concepción racional superior capaz de ser una alternativa frente al folklore que no es otra cosa que una concepción inferior de carácter racional fragmentario y a-sistemático.
Según algunos pensadores y dirigentes de izquierda, en América Latina no existe nipuede existir una cultura popular con los rasgos positivos que 1e atribuye Gramsci. Lo que habitualmente encontramos en nuestros países sería más bien el equivalente al «folklore».
Si agregamos a este cuestionamiento algunas críticas formuladas últimamente por los filósofos del posmodernismo, tenemos entonces un planteo general que propone la invalidez de las luchas étnicas nacionales, ya que así lo demostraría la total homogeneización de las culturas locales.
A raíz del proceso de conversión generalizada del valor de uso en valor de cambio, ya no existen actualmente movimientos sociales transformadores. Según esta argumentación, no sólo las luchas de la clase obrera han llegado a su fin, sino también todos los intentos transformadores impulsados por las revoluciones indígenas de nuestro tiempo.
Si tal como sostienen los filósofos del posmodernismo neoliberal, las culturas indígenas carecen de rasgos positivos o progresistas y que además han sido totalmente neutralizadas por el proceso de globalización ¿cabe entonces considerarlas como simples supervivencias precapitalistas en proceso de extinguirse e incapaces de actuar como agentes transformadores?




