
I. ¿Qué es el barroco?
Quizá uno de los conceptos más confusos sea actualmente el de barroco. Sin embargo hay que señalar que recientes investigaciones parecen definirlo como otro tipo de modernidad y otro tipo de racionalidad. Lo que va quedando claro entonces es que ya no se trata de un concepto reducido al arte. ¿Y cómo redefinir este concepto en América Latina? Aquí habría una memoria subalterna que no corresponde a la historia de la memoria occidental institucionalizada.
Para determinar las posibilidades y sentido de esta memoria subalterna ligada estrechamente a la vitalidad popular, se recurre al concepto de barroco. Será necesario entonces subrayar que el barroco goza de una revaloración positiva en la filosofía y en las ciencias sociales. El concepto liberado de su significación que lo reducía en el pasado a una cuestión de estilo artístico opuesto al modelo clásico, hace referencia a la historicidad. Esto significa que expresa una indicación de la historia de la cultura y del comportamiento social. Este comportamiento se caracteriza como un espíritu o ambiente filosófico correspondiente a un mundo en ruptura, crisis e inquietud extraordinaria. Abarca casi todos los países de Europa y también a la mayoría de los países latinoamericanos.
Entre los autores más importantes que han estudiado el fenómeno del barroco como Lezama Lima, Severo Sarduy, Bolívar Echeverría,Giulio Carlo Argán, Rosario Villari, Norbert Elias, Henrich Wolfflin, Antonio Maravall, Luciano Anceschi, y muchos otros, predomina el criterio abierto a una nueva problemática teórica e histórica cultural. Lo que se advierte es la aceptación común de los resultados críticos de la nueva historiografía. Ninguno de los autores mencionados acepta el univocismo interpretativo que reduce el concepto a una sola causa (por ejemplo a la política de la Contrarreforma). Podríamos decir que en la medida en que el barroco ha tenido diversas causas, nos encontramos con un concepto sumamente rico y complejo. Más que cualquier otro concepto, estamos ante una noción problemática cuya definición es todavía incierta y susceptible de diferentes interpretaciones.
La definición del barroco que, en el pasado se reducía al arte, actualmente se ha ampliado extendiendo su significado a todos los aspectos de la cultura humana. Hay que pensar que este concepto en América Latina resulta muy estimulante. Lo que este concepto nos ofrece es fundamentalmente una perspectiva histórica diferente (con respecto a la visión lineal, progresiva a la que estamos acostumbrados). Esto significa que se puede pensar la historia a partir de otra lógica. No tanto de desarrollismo económico sino más bien a partir de criterios de transformación cultural.
Aunque ya hay notables avances de investigación sobre el barroco como un concepto que va más allá de lo artístico, sin embargo todavía falta despejar el terreno para abordar la problemática central (¿cuáles son las relaciones del barroco histórico con la sociedad de su tiempo?). Antes de entrar a América Latina es indispensable examinar a grandes rasgos la problemática del barroco en Europa. Hace falta diferenciarlo más del Renacimiento. Si bien hay ciertas continuidades estilísticas en cuanto a la pintura, la música y la literatura, la arquitectura, etcétera, sin embargo existen también diferencias filosóficas sustanciales. Estas diferencias se deben ante todo a que el barroco, más allá de sus aspectos formales, es una nueva situación histórica que surge como una reacción frente a los ideales humanísticos del renacimiento. Esta reacción se caracteriza por un notable desencantamiento, desilusión y escepticismo. El barroco, entendido entonces no sólo como un nuevo estilo artístico sino como el comportamiento social y cultural en una época determinada, representa sin duda un nuevo espíritu de negación de los valores de la primera modernidad renacentista. Esta negación implica dudar de la fe en la razón y en la creencia en las posibilidades ilimitadas del ser humano.
Así, el barroco ha sido definido como una voluntad de forma que reacciona frente al espíritu renacentista. Esta reacción se da como representación crítica, irónica, paródica, descentrada de lo humano. Ya no se trata de la apología del hombre sino de mostrar otras realidades menos significativas pero quizá importantes. Es el caso de Caravaggio que ofrece una representación de cosas mundanas en vez de cosas sagradas. La pintura de santos o vírgenes son simples pretextos para una recreación pictórica.

A Caravaggio no le preocupaba la verdad trascendental renacentista. Su única verdad parece ser el color o la luz. Evidentemente hay un uso diferente del espacio y de la colores (el claroscuro característico de su visión tenebrista).
La misma visión de Caravaggio se encuentra en muchos pintores como Rubens y Rembrant. Aquí también hay un concepto desacralizado de la realidad. Las cosas más domésticas aparecen dibujadas o pintadas con el único propósito de exaltar lo insignificante. Frente a una iconografia renacentista ya totalmente desgastada por el culto a lo humano y la exagerada obsesión religiosa ahora se trata de negar todo tipo de trascendentalismo. Mientras el estilo renacentista buscaba el sosiego, la tranquilidad, la perfección de la forma, por el contrario el barroco es algo inquietante y perturbador. No busca la armonía o la quietud espiritual sino que deliberadamente provoca la ansiedad y la disarmonía.
¿Se puede decir que lo que motiva esa inquietud es el espíritu de la época? ¿qué es lo que provoca tal sensación contraria al éxtasis? En el caso español, si bien se mantienen los temas del cristianismo, sin embargo la forma y los colores coinciden plenamente con los nuevos valores del barroco (entre esos valores se puede mencionar la búsqueda de otra realidad. En los pintores españoles del siglo XVII nos encontramos por primera vez con la representación de la carne, sin velo). Está búsqueda sin duda es parte del movimiento de renovación filosófica de alcanzar de manera directa la verdad. No se trata de formular conceptos o ideas sino más bien de conocer a través de la representación de la carne otra realidad.
Es importante conocer estas características del arte barroco europeo ya que de muchas maneras su influencia llegó a América Latina. Además de la pintura, hay que estudiar y comprender la literatura para apreciar por ejemplo en toda su riqueza las aportaciones de Sor Juana.
No sólo necesitamos entender el trasfondo filosófico de las obras de Calderón de la Barca, Gracián, Quevedo, Mateo Alemán, Lope de Vega y Góngora (la inversión de la vida y el sueño, la concepción de la muerte y la fugacidad del tiempo, la realidad como ilusión, la realidad como espejo de un espejo, etcétera), además de todo el trasfondo científico y cultural de la época (me refiero a la tradición del hermetismo, al neoplatonismo y a la ideología de la Contrarreforma). Con base en este estudio podemos considerar una gran parte del pensamiento latinoamericano (el pensamiento barroco) como un intento de realizar una lectura crítica, es decir, de desarrollar un material analógico a la ciencia (ciencia convertida en literatura), metáfora totalizante de la cultura y una conversión de todo el léxico del saber en discurso literario. Tal es el sentido no sólo de la obra de Sor Juana sino también de autores como Severo Sarduy y Lezama Lima. No es que fueran importantes las ideas científicas como tales, sino la forma poética y metafórica que se les da con base en una personal manera de mezclar diferentes tradiciones culturales de Oriente y Occidente, incluso de las culturas prehispánicas.
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