
Dentro de la obra de creación de autores de la nueva narrativa mexicana, la de Enrique Serna y Carmen Boullosa constituyen una fuente para interpretar la representación de la problemática identitaria en América Latina, mediante el replanteamiento paródico de la historia oficial.
Enrique Serna
En su novela Ángeles del abismo, Enrique Serna construye la respectiva diégesis basándose en hechos documentados en la historia mexicana, como el juicio registrado en los archivos de la inquisición a una beata embaucadora en el siglo XVII. Este replanteamiento histórico presentado por Serna incide en la reflexión sobre la identidad en los lectores actuales.
La interpretación de la novela tiene como guía la hipótesis interpretativa de que la configuración de la historia contada permite percibir una intencionalidad textual en la que el autor propone una comprensión intercultural, a través de la trama entretejida donde se cruzan las historias de vida de los dos personajes centrales Crisanta y Tlacotzin, en oposición al autoritarismo colonizador, que posibilita la resolución para nuestro presente de un conflicto del pasado colonial mexicano.
Ángeles del abismo es una novela barroca no sólo porque su configuración recrea los géneros propios del barroco histórico, sino también porque los ofrece en una parodia, creando un referente actual, en una perspectiva neobarroca.
El autor configura la trama a partir de un caso histórico registrado en los archivos de la Inquisición en la Nueva España. De esta manera, el relato se sitúa en el México colonial del siglo XVII. Se trata de la vida de una beata embaucadora, Crisanta, una joven criolla, y de Tlacotzin, un indio nahua.

La estructura de la novela, a diferencia del documento del archivo de la Inquisición que reduce a una referencia mínima la relación de la mujer sentenciada con un indígena, equilibra la presencia histórica de ambos personajes, restituyéndoles a los actores marginales de la historia colonial su papel activo en la construcción de la identidad cultural.
Carmen Boullosa

La identidad cultural indígena es un tema recurrente en la obra de Carmen Boullosa. Al igual que en la obra de Enrique Serna, aquí también se plantea la idea de la interculturalidad como una modernidad barroca. En sus primeras novelas Antes y Treinta años el mundo indígena maya aparece como la realidad externa donde se desarrolla la infancia de la narradora.
En otra novela Duerme, se desarrolla como la conciencia histórica que despierta luego de un largo sueño en el mestizaje. Este despertar se expresa como un proceso de nombramiento de las cosas y principalmente del proceso de conquista.
En Cielos de la tierra, se plantea como eje la reconstrucción de la identidad cultural. Esta novela se centra en la vida de un cronista del siglo XVI Hernando de Rivas cuya identidad se representa como identidad barroca. Esta representación se proyecta en la actualidad cuando otro personaje Estela Díaz se sirve del cronista para reflexionar el choque entre la modernidad y los valores indígenas. Según este personaje, México se soñaba moderno y modernizante y quería verse entrando en el siglo XX1 sin haber resuelto los problemas del siglo XVI. Hay otro personaje, Lear, quien desde L´Atlantide, una comunidad utópica del futuro donde ha optado por olvidar el pasado reflexiona sobre la necesidad de recuperar los valores de las culturas indígenas. La pérdida de la memoria ha derivado en la abolición del lenguaje y por tanto de todo signo de vida humana.
En Llanto, la identidad indígena se plantea como conflicto entre interpretaciones. Moctezuma renace en el México contemporáneo y tiene dificultad para comprender los códigos del presente. Esta manera de estructurar una trama le sirve a la autora para imaginar la historia al revés, es decir mirar desde al pasado desde el presente.
La identidad indígena se plantea entonces como un problema vivo no resuelto. Moctezuma se vuelve un símbolo de nuestra condición de conquistados por nosotros mismos, seres situados entre dos mundos y dos épocas, entre el mundo tradicional y el mundo posmoderno en el que la vida deja de tener sentido.
Se trata aquí de mirar el presente con clave del pasado (o de mirar en el espejo del pasado cuando la humanidad se está aproximando a su extinción). Por eso los arqueólogos como López Austin aparecen como personajes de la novela y hablan en náhuatl con Moctezuma. Aquí se muestra la idea de hacer conversar a personajes de distintas épocas. Es como si el tiempo y los espacios se fundieran en un eterno presente. Moctezuma quiere vivir en el presente como si éste fuera un tiempo pasado (y los hombres del presente quieren vivir en aquel pasado como si fuera el presente). Todo es posible gracias al gran poder de la literatura.
La estructura de la novela se basa en cartas de relación y códices. Pareciera que Boullosa se atiene a lo que realmente sucedió por ejemplo cita el Códice Aubin donde se describe a un hombre que tiene que llevar a Moctezuma a su tumba pero nadie quiere hacerse cargo ( “¿Qué me voy a pasar la vida cargándolo en las espaldas?”) .

En la siguiente página se retoma este hecho histórico “En ningún lugar querían recibirlo. Lo volví a cargar en hombros lamentándome de que nadie quisiera recibirlo, creyendo que tendría que pasar la vida cargándolo en las espaldas.”
La diferencia entre los dos relatos es que el primero está en tercera persona, mientras que, el segundo, en primera persona. Lo que hay que hacer notar es que la narradora se mete dentro del personaje que carga a Moctezuma. Lo que le interesa no es el rey sino el pobre diablo que como Sísifo en la tragedia griega se ve condenado a llevar algo por una vida sin sentido. Otro ejemplo que se puede mencionar para ver como la cita directa a las Cartas de Relación de Cortés (cuando éste se refiere a una pedrada que un indio le hizo al rey matándole),
Boullosa reinterpreta este hecho señalando que ella no cree que sucedió como otros hechos: “el personaje terminó siendo otro. No me parece que haya sido supersticioso, no me parece que los presagios hayan ocurrido. Deserté del hombre que murió de una pedrada porque no creo que el pueblo mexica se haya atrevido a alzar la mano contra su Tlatoani.”
El modo en que Enrique Serna y Carmen Boullosa tratan el tema de la identidad y la interculturalidad no se parece a la manera tradicional realista y psicológica determinada por la ideología de la modernidad. Podríamos decir que se trata más bien de una mirada posmodernista. Esta mirada desacraliza no sólo el ámbito familiar y político sino también la memoria histórica. Por eso tiene que ver más con la contextualización histórica poscolonial.
Se trata entonces de subrayar el papel de la mezcla y la hibridez de las identidades basadas no en la semejanza sino en la alteridad. Esto significa romper con las concepciones esencialistas de la identidad. La identidad y la interculturalidad desde la mirada de Enrique Serna y de Carmen Boullosa se puede interpretar como una visión literaria donde el sujeto se construye de múltiples formas a través del mestizaje. Esto significa aventurarse por una narrativa distinta y riesgosa, inconforme con sus propias soluciones.
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