Magela Baudoin: autoficción y diversidad en la narrativa boliviana

magela

En la narrativa de Magela Baudoin, se desarrolla la autoficción en varias formas, desde relatos de niñas que perciben la realidad con una mirada ambigua hasta cuando se presenta el conflicto de la propia autora entre periodismo y la literatura, o en su experiencia de migrante. Hay que insistir que la autoficción no es una narración autobiográfica sino más bien una clase especial de relatos como los de Jorge Luis Borges que sólo recurren al yo empírico para construir un yo imaginario (su doble triste) o en Cervantes cuando se desdobla en El Quijote, Sancho o los árabes.

Esto se ve también en el caso de Magela Baudoin cuando a partir de sus experiencias de niña o de migrante, elabora personajes inmersos en complejas narraciones donde se esfuma la realidad y la ficción, el realismo y lo fantástico, el documental periodístico y la ficción literaria.

Magela Baudoin, vivió su infancia en Venezuela. En 1981 acompañó a su padre a Bolivia que intentaba apoyar a Juan Lechín Oquendo. Vivió un tiempo en Santa Cruz y  en Estados Unidos. Igual que Liliana Colanzi y Giovanna Rivero, esta autora ha encontrado en la infancia material suficiente para sus relatos fantásticos

En “La cinta roja” trata del asesinato de una niña.  La niña es indígena, hipersexualizada y tildada de mocosa. La suben a un taxi, abusan de ella y la matan. Cuando le encuentra descubren una cinta roja en su pie, señal de que el primero que aparezca es el asesino. La comunidad agarra a cualquiera y lo ejecuta. Quien narra a es una periodista que por exigencias del oficio describe el hecho como una nota roja. Pero hay un segundo narrador que dice que lo en realidad ocurrió fue un linchamiento absurdo que pone en duda la justicia comunitaria. Hecho que se deriva de una manera de configurar los cuerpos de las niñas:

“La chica provenía de una cultura originalmente concupiscente. Tratamos de desentrañar que querían decir los expertos por “concupiscente” y tradujimos así: un pueblo amazónico de cazadores, nómada, tejedor, en el que las virtudes carnales son virtudes cardinales. Un seno materno, acompañado de cantos femeninos, en el que los placeres del cuerpo son inculcados a las niñas desde muy pronto…. La pobreza puede molerlo todo: las niñas indias se entregan por exiguas cantidades de monedas, desde edades impronunciables, en los márgenes urbanos ¿Y cuanto es una cantidad exigua? Son dos pesos” (2016, 22).

Otro cuento de tema similar es “La chica” que trata de unos amigos españoles yuppies:  Blas, Duke y Eda que comentan sobre una muchacha “sudaca”, ajena a las etiquetas, ritos y convenciones sociales. La “sudaca” tiene una hija y estaba casada con un tipo violento.  Eda expresa su disgusto hacia ella, en realidad tiene celos. Los varones se sienten atraídos sexualmente. Un día “la chica sudaca” se queja de fuertes dolores de cabeza, la llevan al hospital, la revisan y no hallan nada. Ella se va del país y cuando un viejo la encuentra tirada en un río con la cabeza llena de gusanos y larvas. Este cuento se puede interpretar como una oposición entre “lo racional” (la vida social de los yuppies) y “lo irracional” (el mito de la chica “sudaca” rebelde y salvaje). La chica no se adapta ni se somete a los deseos de los machos. Su dolor de cabeza es un síntoma de lo desconocido, como sus tatuajes corporales, que no se pueden explicar ni entender en un mundo civilizado.

“Sueño vertical” trata de una niña educada en una torre de marfil que contempla la calle desde su ventana.  Afuera está la extrema pobreza, vive dos realidades, dos mundos; sus padres son eruditos, le enseñan el pasado y el presente pero para ella se trata de un conocimiento estéril, inútil, que no sirve para la vida cotidiana.

“Borrasca” es un cuento que toma como referencia no lo real, sino las obras literarias de las hermanas Brontë. Una niña conversa con su abuela que le explica la subordinación de las mujeres, su condición de ser menos y estar siempre sometidas al padre y al hermano.

“Un verdadero milagro” trata de una niña que va de viaje con su padre y una supuesta tía.  Van por un camino rodeado de precipicios. La madre está ausente o muerta. La niña tiene miedo no tanto por caer al abismo sino por lo que puede pasarle al padre y quedarse sin nadie que le proteja. Es un viaje a la perdición, a la muerte por lo que lo único que le queda a la niña es ponerse a rezar.

“Algo para cenar” es la historia de una madre viuda y sus seis hijos. Quien cuenta es el único hijo varón. Las mentiras que cuenta (dice que su madre es doctora y no enfermera). Un día el hijo sufre un accidente conduciendo un auto con sus amigos y él se echa la culpa. La madre una vez más le regaña por auto inculparse. Esta serie de mentiras expresan un deseo recurrente del hijo por identificarse y sustituir al padre, pero siempre son actos fallidos. Lo que queda es una madre heroica, que resuelve todos los problemas, pero también una familia disfuncional, quebrada por la ausencia del padre.

“La composición de la sal” trata de un hombre viejo que tiene siempre los ojos llorosos y cree que está enfermo. Tuvo un hijo que murió pero no sabe si por ello está deprimido. Su mujer le dice que es por el mar. Un día consulta a una curandera quien le receta  un baño de mar. Cuando lo hace se transporta al océano y sufre una metamorfosis (un suicidio que a la vez es renacimiento). Se hunde en el sueño boliviano de una recuperación de su mar (tema tratado también de una manera excepcional en la novela Felipe Delgado, de Jaime Saenz).  El problema ocular es sólo un síntoma del cuerpo mediterráneo. Su ilusión es curarse sumergiéndose en el océano:

Se hundió en el líquido salado del mar, con los ojos cerrados. Esperó a estar listo para abrirlos y entonces lo hizo, pero no vio a su hijo en ninguna parte. Desconcertado, volvió a la superficie. Tomó aire y, sin dar demasiadas vueltas, regresó a lo hondo en busca de una imagen, de alguna referencia. El agua todavía estaba tibia cuando comenzó a mecerlo el lejano ruido del mar en la espiral de una caracola (2016, 87).

“Sonata de un verano porteño” trata de las mujeres bolivianas de clase media que migran a Argentina a estudiar pero a costa del sacrificio de alguien. Una vez allí, la mujer inmigrante (Elene, una periodista que va a un taller de escritura creativa) renta una habitación a dos señoras sibaritas que disfrutan de alimentos y vinos; cuando lo hacen no pasa nada extraño (como la aparición de cucarachas), que solo aparecen cuando Elene está sola. Las cucarachas simbolizan la culpa que siente por ser tan egoísta, de haberse olvidado de quien le ayudó.  Está también el tema de la inmigrante que no reconoce su identidad nacional. Cuando va a una tienda se encuentra con una boliviana a quien le pregunta de donde es y la otra le dice que es peruana. Aquí lo que se ve es el problema de la vergüenza del origen.

“Dragones dormidos” desarrolla el tema del conflicto entre el relato periodístico y literario. Una joven periodista extranjera hace un documental sobre la cultura de los kallahuayas (un grupo indígena del altiplano boliviano que practica la medicina prehispánica) el problema es ella es atea y escéptica. Con un guía recorre pueblos, montañas como “el dragón dormido”, ve la flor que florece cada cien años, la Puya Raimundi. come viscacha y se asoma al mundo mágico, pero entonces su auto deja de funcionar. Lo que falla es la fe. La ciencia y la tecnología chocan con lo no racional.

Moebius” es un cuento donde una pareja de homosexuales. Uno de ellos es “La Magdalena” que está en la cárcel por matar a su amante Rafael. Él (ella) tiene un embarazo ficticio. Es periodista, escribe un libro desde Moebius (la cárcel que representa un refugio). Mientras escribe espera su sentencia.

Hay otros cuentos de Magela Baudoin donde tratan de las relaciones de pareja, como “Goumert” trata de la relación cotidiana entre Inés y Manuel. Detrás del rito de la comida diaria hay un deseo de matar al otro. La condimentación  de los alimentos sólo es una  preparación del funeral. En “Amor a primera vista” una pareja se nuda a un departamento en París. La mujer le obliga al hombre a compartir los gastos. Luego lo obliga a casarse con ella. Más que estar con él, a ella le importa estar el departamento que desde que entró en él se enamoró. También se fascina por la dueña que lleva a una peluca , se identifica con ella: “Pondría la peluca en esa cabeza calva y la peinaría amorosamente todas las noches” (2016, 18). Y por último en “La noche del estreno”. Un pobre chico que trabaja en una lavandería sueña con la ópera. En el Teatro Colón de Buenos Aires. Oye música  a todo volumen, un día se encuentra con una muchacha con la que sueña un romance. Fábula sobre el joven pobre que quiere llegar a ser un artista y que al final se desengaña y vuelve a su rutina.

Deja un comentario

Descubre más desde Samuel Arriarán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo