
En la novela Abril quebrado, como en la mayoría de las obras de Ismael Kadaré, se trata del viejo conflicto entre la memoria y el olvido. Aquí se describe la lucha entre los viejos clanes y la vieja tradición que consiste en conservar el lema del deber y pagar sangre. Para Kadaré no es importante el momento en que surgió la causa, sino esos rituales que sobreviven a lo largo de los siglos y que mantiene a los pueblos de los Balcanes en el peligroso atavismo de la memoria.
Mientras no hay olvido la gente repite creencias y comportamientos que derivan en odios y venganzas más radicales que los que describió Shakeaspere. Refiriéndose a aquellos rituales como la besa (concepto fundamental del derecho consetudinario albanés, ley, protección jurada, palabra de honor) uno de los personajes señala:“En ninguna parte del mundo existe un lugar donde puedas encontrarte en el camino a gente que, lo mismo que los árboles del bosque que se marcan para ser talados, llevan sobre sí el signo de la muerte.” (Kadaré, I. Abril quebrado)
Esta novela está estructurada en dos partes. En la primera se narra la historia de Gjorg, el hijo de una familia que toma venganza por el asesinato de uno de sus miembros. El padre instruye al hijo en el cumplimiento fiel del ritual (debe advertir a la víctima antes de disparar, después de muerto debe darle la vuelta al cadáver; después de la muerte debe ir a comer con la familia del muerto y a continuación solicitar 24 horas de tregua y finalmente un plazo de 30 días). Esta primera parte trata de los últimos días del condenado. Sabiendo que va a morir Gjorg decide vagar por los pueblos sin tener ningún objetivo. En algún momento se cruza con una Ninfa-Furia-Erinia (cuyo nombre es Diana y es la mujer de un escritor snob que quiere pasar su luna de miel recorriendo el país). Esta mujer seduce al caminante al extremo de convertirse en una obsesión y una ilusión para seguir viviendo. Al final de la novela sabremos que nunca volvió a verla pero que fue un sueño por el que el condenado deseaba llegar hasta el final para continuar viviendo en la otra vida.
La otra historia es justamente la de este escritor y su mujer que recorren los caminos y los pueblos interesándose en el folklore. El escritor está fascinado y su perspectiva es siempre desde el balcón, es decir, que no se siente parte de esa realidad: “La besa y la sangre son como los nudos de la tragedia antigua, y penetrar en su mecanismo significa aceptar la posibilidad de la tragedia. Sin embargo, nosotros no tenemos nada que temer. Por la mañana volveremos a quitarnos la corona y nos liberaremos de su carga.”

Cuando el escritor toma contacto con esa realidad no puede soportarla. La locura no se diferencia ya de esa realidad. ¿Y porque esa realidad causa el desequilibrio del escritor? Kadaré nos describe a través de esa mirada el siniestro mundo del Kanun, de aquel derecho consetudinario que gobierna a la gente como en la antigüedad siguiendo complicados rituales relacionados con el comercio de la sangre. No es muy difícil de comprender estos rituales ya que son los mismos que heredamos en América Latina (de la cultura europea del mediterráneo) y que se relacionan con el honor y la reparación. Quizá por esta analogía, el cineasta Walter Salles adaptó esta novela en el contexto de la vida ritual en el Brasil. A esta película nos referiremos más adelante.
Por el momento hay que subrayar que entre los montañeses de Albania esas costumbres se relacionan con una visión del cosmos y de la naturaleza que dominan totalmente a los pueblos, al extremo de que, por ejemplo, en un pueblo de 100 familias solo 20 están libres de la deuda de sangre. El ritual de la venganza se conecta en esa cultura con un código más general que constituye la Ley del Xanum, una especie de Código general colectivo que permanece en forma inconsciente:
“Muy pronto, un tanto atónito, alcanzó a darse cuenta de que las reglas del homicidio constituían sólo una parte del Código, la más reducida incluso, comparada con la otra, la desprovista por completo de sangre. No obstante ambas estaban unidas por decenas de ligamentos y nadie conocía bien el límite dónde concluía la una comenzaba la otra.” (KadaréI,Abril quebrado)
Cuando se critica la sobrevivencia de esas costumbres bárbaras, los albaneses se defienden señalado que por sus ventajas y aspectos positivos no debe desaparecer sino generalizarse al resto del país. Mientras para unos, las rígidas leyes del Kanun estimulaban la venganza de sangre, para otros la dificultaba. Los primeros argumentan que la estipulación que la sangre nunca se pierde y sólo se lava con sangre incitaba a la venganza (lo cual era un precepto bárbaro) los otros sostenían que dichos preceptos en apariencia monstruosos eran en realidad humanistas al convertir en ley el concepto de que la muerte se lava con la muerte advertían al posible homicida de no verter sangre:
«El Rrafsh es la única región de Europa que, a pesar de formar parte de un Estado moderno y no la morada de tribus primitivas , ha prescindido de las leyes , las estructuras jurídicas, la policía, los jueces, en una palabra, del conjunto de la maquinaria estatal; los ha rechazado, los ha poseído tiempo atrás y los ha rechazado para sustituirlos por otras leyes, leyes morales, tan completas que han obligado a las administraciones extranjeras de ocupación y más tarde a la del Estado albanés independiente a reconocerlas y a dejar de este modo el Rrafsh, es decir, casi la mitad del reino, al margen de su propio control». (Kadaré I., Abril quebrado)