Uno de los filósofos que más contribuyen actualmente al esclarecimiento del problema de la hermenéutica y del multiculturalismo es Charles Taylor. ¿Que sucede cuando en nombre de una razón universal se impone la hegemonía de una cultura sobre otra? ¿Se puede hablar de derechos de comunidades o solamente de derechos individuales?
Para Charles Taylor una de las limitaciones de la filosofía liberal es que no apela a los derechos colectivos.

Lo que habría detrás de esta filosofía es una ideología que justifica la dominación cultural. Como alternativa, Charles Taylor ha elaborado una interesante concepción hermenéutica sobre la posibilidad de conjugar varias modernidades según diferentes culturas. Para ello se fundamenta en una teoría política que no tiene semejanzas con las concepciones derivadas de la modernidad ilustrada como las teorías contractualistas o neocontractualistas.
A estas teorías les critica su dimensión subjetivista radical, es decir su concepción de los derechos individuales como algo no determinado por horizontes de valor, sino como algo totalmente irrestricto. Uno de los principales defectos de estos planteamientos sería el de hacer la apología de la política de reconocimiento de los derechos igualitarios que no tolera la diferencia.
Para Charles Taylor se puede hablar de dos tipos de Estado liberal:
1) Aquel que pretende ser neutral argumentando que los derechos individuales no pueden ser restringidos de ninguna manera. La función del Estado no es la de garantizar beneficios o ventajas con respecto a ninguna mayoría o minoría, sino solamente garantizar la igualdad de derechos para todos. Este tipo de Estado lo encarna Estados Unidos y el Canadá inglés.
2) Aquel que garantiza el respeto a la diferencia. No pretende ser neutral sino que toma partido por una mayoría que intenta garantizar su sobrevivencia conservando y apoyando su lengua o su educación. Este tipo de estado lo encarna Quebec. Diferenciar dos tipos de estado le permite a Taylor situarse fuera de una cultura para criticar a la otra. No es como le acusan algunos críticos de que detrás de su modo de interpretar, se esconde un injustificado privilegio epistémico de tal manera que solo se permite la crítica desde dentro de una tradición.
Taylor señala que el individualismo constituye un creciente malestar social porque se ha convertido en una búsqueda de objetivos egoístas, hedonistas. La justificación de esta búsqueda estaría dada por el mismo Estado liberal que se presenta como neutral y fomenta los derechos individuales a costa de las metas colectivas. De tal modo se ha articulado una política de universalismo donde la igual dignidad de los ciudadanos se ha resuelto en una política cuyo contenido han sido la igualación de derechos.
Para Taylor lo que ha agravado esta situación es la destrucción de los horizontes de valor cuya articulación es central en la hermenéutica.
Evidentemente lo que nos está señalando es el agotamiento de las fuentes morales de la individualidad (agotamiento que tiene que ver con el fin de la cultura de la modernidad). Lo que propone entonces es una ética de la autenticidad según una hermenéutica que reconozca los horizontes de valor dados. No es que la justicia sea neutral sino que está precedida por horizontes de valor. Solo el reconocimiento de determinadas ideas de bien puede explicar la formulación de alguna idea de justicia. La idea de que nuestra existencia moral más elevada y completa es aquella que solo podemos alcanzar como miembros de una comunidad nos lleva más allá de la teoría del contrato o del concepto utilitario de la sociedad como instrumento de felicidad. Parecería que esta manera de enfocar el problema hace pensar que Taylor, igual que MacIntyre intenta volver a las fuentes teístas. Esto se debe al hecho de que la cultura moderna es fundamentalmente monológica mientras que lo que necesitamos es otro tipo de cultura dialógica (como las culturas que definen la identidad individual a partir de la comunidad y de sus antepasados) ¿Hay aquí una nostalgia por la época del encantamiento del mundo?
En su libro sobre Hegel, donde Taylor analiza con detalle el concepto de sittlichkeit señala que «la vida del sujeto absoluto es esencialmente un proceso, un movimiento, en que plantea sus propias condiciones de existencia, y luego supera la oposición de estas mismas condiciones para alcanzar su objeto de auto-conocimiento.»
Según él, el origen de este discurso hay que situarlo en Hegel y antes de él en Rousseau. Este discurso tiene que ver con el surgimiento de la expresividad o conciencia de la fidelidad del individuo hacia sí mismo. En la medida en que el sujeto ya no depende de normas externas o determinaciones religiosas se ve obligado a asumir su identidad e inventarla a través de su propia práctica creadora. Para Taylor la identidad que se construye el individuo depende también del reconocimiento de los otros.
Es interesante advertir que en uno de sus últimos trabajos, Taylor dice que, de la misma manera que con respecto de la identidad individual, la identidad de un grupo social depende del reconocimiento de otras comunidades.
En resumen, el problema central que Taylor nos plantea es la posibilidad de una cultura que combine los derechos individuales con las metas colectivas, la igualdad y la diferencia. Las exigencias que entraña reconocer la diferencia nos llevan más allá de la ética procedimental.
O sea que la hermenéutica de Charles Taylor permite la crítica de una tradición desde fuera de ella. La comunicación intercultural se da justamente en el reconocimiento de la identidad diferencial. Más que un mero formalismo nos propone una cultura de la autenticidad donde coexistan dos o más modos de vida: el principio básico es el de la justicia que exige igualdad de oportunidades para que todos los individuos puedan desarrollar su propia identidad pero incluyendo el reconocimiento de la diferencia ya sea de sexo, de raza, etc.