
Antes de entrar a comentar el texto “Comparación, historia verdad”, desearía caracterizar el tipo de hermenéutica que propone Taylor. Lo que primeramente hay que señalar es que estamos ante un tipo de hermenéutica que concibe la cultura como texto, es decir como conjunto de prácticas sociales que pueden interpretarse simbólicamente.
Esto significa que no es un enfoque hermenéutico propiamente filosófico como el de Gadamer o Heidegger (aunque comparte muchos de sus presupuestos), tampoco es un enfoque hermenéutico metodológico que apunte a separar dos tipos de ciencia (entre ciencias naturales y ciencias del espíritu).
Para Taylor todo conocimiento debe dilucidar sus propias condiciones y pensar sus propias explicaciones. Por un lado, se opone al positivismo cientificista, pero esta oposición la realiza basándose en la interpretación como una dimensión esencialmente comparativista del conocimiento. La comparación le lleva al problema del encuentro intercultural.
Por otro lado, se opone a las hermenéuticas subjetivas que ven dificultades inconmensurables. La diversidad parece aquí un obstáculo para la comprensión. Por el contrario, Taylor acepta la diversidad estableciendo comparaciones entre las culturas, lo que le lleva a un contextualismo moderado basado en un conocimiento comparativo.
1. El problema de la validez de la interpretación
Una de las cuestiones que aborda Taylor en su texto “Comparación, historia verdad”, esel tema de la validez de la comprensión, tema que constituye uno de los grandes problemas de la hermenéutica y que como tal Taylor lo ha abordado en varias ocasiones, por ejemplo en su ensayo “Comprensión y etnocentrismo”.
Cuando dos o más culturas interactúan entre sí, surgen inevitablemente conflictos en torno de la comprensión como el etnocentrismo. Y por etnocentrismo hay que entender dos cosas, una incapacidad para comprender en sus propios términos a otras culturas, y también una limitación de entendimiento en los términos de la propia cultura. Estas posiciones sólo nos ofrecen alternativas que, en el fondo, son dos caras de la misma moneda, o amurallarse en sí mismo e imponer violentamente el propio punto de vista a lo diverso, o creer que nunca se tendrá acceso a la diversidad porque es inconmensurable, tal como postulan algunos planteamientos hermenéuticos de autores posmodernos:
“Describir a la gente –dice Taylor- en sus propios términos es describir cada cultura en términos diferentes e inconmensurables, vale decir, que no tienen una traducción exacta en otras lenguas”. .
A veces la inconmensurablidad se expresa cuando niega la metafísica de la presencia, es decir, cuando plantea una teoría del lenguaje donde los significados nunca son fijos sino siempre difusos e imprecisos. Si esto es así entonces no podríamos comprender los símbolos de otra cultura porque sólo tendrían sentido para ellos. Otras veces lo inconmensurable se comprueba cuando se señala que no hay nada que sea criticable en la cultura y las instituciones del liberalismo contemporáneo.
Esta afirmación constituye una justificación de que no hay, ni pueden haber, verdades objetivas. A la búsqueda de verdades mediante la confrontación, se la caracteriza como el «proyecto de conmensurabilidad universal», propia de la cultura moderna. En este sentido, la modernidad estaría ligada al discurso racional y epistemológico que se propone hallar un algoritmo o procedimiento para la elección de una teoría mejor que otra. Este discurso estaría agotado, en razón de que resulta imposible traducir la experiencia de otras concepciones del pasado o de otras culturas.
Frente a este tipo de posiciones extremas, la concepción hermenéutica de Charles Taylor intenta construir una alternativa moderada. No se trataría tanto de una aptitud para reproducir el punto de vista de la otra cultura sino de ser capaz de aplicar el sentido de la práctica en la misma manera en que se haría en un contexto diverso al de la propia cultura. Esto significa que sin querer adoptar por completo el punto de vista del otro, se tiene la capacidad de comprenderlo desde el propio punto de vista pero sin intentar comprender la otra cultura con las propias categorías.
En este enfoque comparativista podemos encontrar una salida al etnocentrismo, es decir, un camino para entrar y salir de lo propio a lo extraño y de poder al mismo tiempo criticar lo propio y lo extraño. Se trataría de pensar la hermenéutica como apertura para comprender a otras culturas. A esta apertura Taylor le denomina un “lenguaje de contrastes transparentes”.
Quizá este sea el principal aporte de Taylor aunque esta perspectiva la hallamos ya en la hermenéutica de Gadamer. En efecto, la idea de un lenguaje de contrastes transparentes no es sino otra versión de la concepción gadameriana de la “fusión de horizontes”.
2. La críticas a Charles Taylor desde América Latina
Ahora bien, no se trataría sólo de comprender hasta qué punto hay diferencias entre Taylor y Gadamer (sería más productivo buscar semejanzas). Lo que hay que discutir es más bien si no estamos ante otra concepción etnocéntrica o eurocéntrica. Tal como ha señalado Pablo Lazo, la cuestión medular es analizar y valorar los argumentos de autores como Enrique Dussel que señalan que Taylor no se percata de su eurocentrismo, es decir, que el filósofo canadiense caería en una contradicción en la medida en que su enfoque hermenéutico se autoanula cuando no incluye al Otro. Aunque Dussel se refiere más al libro Fuentes del yo, sin embargo su crítica a Taylor abarca a la totalidad de su obra filosófica, que tendría una postura universalista abstracta (y que sería eurocéntrica porque reitera el discurso que parte de sí mismo en la filosofía occidental).
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