Historia y hermenéutica: sentido histórico, tradición y modernidad

¿Tiene sentido la historia? En los últimos libros del filósofo Jürgen Habermas se advierte una notable preocupación por aclarar el doble problema del pasado nazi y stalinista. Frente al resurgimiento de teorías historiográficas de origen heideggeriano que pretenden ignorar o pasar por alto dicho problema postulando la continuidad de la tradición, Habermas señala que después del derrumbe del muro de Berlín, el futuro de Alemania depende de cómo se reconstruya el saber histórico: ¿hay que enfatizar la continuidad o lo ruptura? ¿hay que subrayar más los elementos positivos o negativos del pasado?

Subrayar únicamente los elementos positivos significa acentuar la continuidad. Por tanto se legitima una ideología conservadora ya que de esta manera se justifica que sólo hay que entender los valores en su contexto y no tanto juzgarlos desde nuestro presente. Pero Habermas se opone a este enfoque y propone esclarecer los elementos negativos de la historia. Por esta razón señala que la construcción del saber histórico debe apoyarse en un enfoque histórico valorativo, crítico, ilustrado. Más que defender la continuidad de una tradición o un espíritu nacional se trataría de buscar un vínculo del saber histórico con la práctica política contemporánea, es decir, con una especie de defensa de la Constitución, antes que una defensa abstracta del Estado nacional.

Esto tiene mucha importancia ya que actualmente en Alemania y en muchos países vemos el resurgimiento del nazismo tal como se expresa en los movimientos de los skenheds o «cabezas rapadas» y de los hooligans. La pregunta de si tiene sentido la historia, presupone entonces una tarea de esclarecimiento necesario sobre el pasado. Teniendo presente una perspectiva ilustrada, los planteamientos de Habermas apuntan antes que nada a afirmar la posibilidad de romper con el pasado pero mediante una hermenéutica o cuestionamiento radical de los elementos autoritarios.

historia

Por esta razón es que Habermas defiende el rescate de la modernidad frente a la tradición. Esto significa que defiende un saber histórico ligado con los valores del universalismo, es decir, una opción por los valores de Occidente frente a las tradiciones orientales, provincianas o conectadas con valores antidemocráticos premodernos.

Es evidente que en este planteamiento de Habermas tiene un trasfondo eurocéntrico. Los valores de las culturas premodernas (las que no corresponden al Occidente europeo) no son forzosamente antidemocráticos. Quizá el supuesto universalismo de Habermas no es más que un nacionalismo. Lo que necesitamos entonces es buscar un verdadero universalismo. Esto significa romper con la lógica del Estado nacional y explorar las posibilidades históricas de un tipo de Estado plural. Esto implica plantearnos problemas de filosofía de la historia.

1) La relación entre el pasado y el presente

Si como dice Habermas el sentido del pasado tiene relación con el presente y el futuro, el problema que habrá que examinar entonces es: ¿qué significa el pasado? ¿cuál es la relación entre pasado y presente en la historia reciente? Para examinar este problema podemos apoyarnos en dos autores, Reinhart Koselleck y Agnes Heller, quienes desde diferentes posiciones políticas definen el pasado de la misma manera. Según ellos el pasado no se refiere al pasado en general sino a nuestro pasado, es decir a la modernidad. Para Koselleck, la modernidad ha operado con una clara consciencia histórica que determina la historiografía y los hechos. La reflexión por el saber histórico no puede excluir la circularidad. Se requieren entonces categorías metahistóricas o filosóficas que han de orientar necesariamente la construcción del saber histórico.

Más adelante volveremos sobre la necesidad de rescatar dichas categorías metahistóricas cuando examinemos el papel de la filosofía en la historia. No se trata de postular  una filosofía binarista de la historia, es decir, un planteo  de los problemas de América Latina a partir de una oposición binaria entre identidades. Pero tampoco se trata de postular una concepción de la historia en términos de una multiplicidad ilimitada de identidades. Esto significaría caer en un relativismo extremo.

Antes de dejarnos guiar por los «datos duros» de las ciencias sociales empíricas convendría aclarar el problema desde una reflexión propiamente filosófica. En este sentido cabe subrayar la tesis de que para Koselleck existe una heterogeneidad de los tiempos históricos que determinan el modo de construcción del saber histórico. Esto significa que la comprensión de la historia está determinada social y culturalmente.

La forma en que los sujetos viven la historia y la cuentan depende de la forma en que comprenden el tiempo. Dicho en otras palabras, ha cambiado el hilo de la experiencia, de una comprensión cíclica o clásica del mundo hasta la aceleración de la contemporaneidad (la modernidad propiamente dicha).

Es interesante advertir que al insistir tanto en el carácter circular de la modernidad, Koselleck recoge uno de los motivos típicos del conservadurismo posmoderno. Desde una perspectiva ilustrada Agnes Heller intenta relacionar el pasado con el presente de la misma manera que Koselleck, pero evitando el conservadurismo. Al identificar el pasado como la historia de nuestro presente (y no de un pasado en abstracto) Agnes Heller subraya más bien que la historia puede y debe volver a recuperar la posibilidad de enseñar algo. El progreso modifica la asimetría que daba prioridad al futuro incierto y juega con el rico pasado frente a un presente lleno de peligros. El recuerdo de lo pasado es siempre una interpretación; reconstruimos nuestro pasado  dependiendo siempre de nuestro interés.

En verdad, la construcción del saber histórico depende de nuestros problemas, intereses, esperanzas y temores del presente. Podemos recuperar el conocimiento del pasado para liberarnos o evadirnos (como hacen los filósofos posmodernos al proclamar el «fin de la historia»).

2) La verdad histórica

¿Existe la verdad en la historia? ¿si existe se trata de conocimiento objetivo como el de las ciencias naturales? ¿que es lo que determina la validez del conocimiento histórico? ¿hay que situar el saber histórico como un problema de epistemología o de ontología? ¿la construcción del saber histórico corresponde a una problemática científica o moral?

En verdad, vivimos en un momento especial en la historia de la humanidad. Vivimos en un mundo en peligro, amenazado por guerras constantes y por una posible apocalipsis (como el que derivaría por ejemplo de una  catástrofe nuclear o informática). Este sentimiento ante un posible desastre universal no sólo embarga a los historiadores sino también a muchos sectores sociales, en especial a los jóvenes que la padecen intensamente. Los historiadores no solamente cuentan historias ¿qué importancia tienen esas historias para la sociedad? ¿por qué tanto esfuerzo por preservar el pasado o investigar?

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Un comentario en “Historia y hermenéutica: sentido histórico, tradición y modernidad

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