Podcast: Ensayos sobre filosofía y literatura boliviana

Portada del libro Ensayos sobre filosofía y literatura boliviana
ensayos

Este libro contiene ensayos sobre una parte de la producción filosófica y literaria en Bolivia. En conjunto tienen coincidencias temáticas que justifican su publicación en un solo volumen. En el primer ensayo “La filosofía en Bolivia en el siglo XX” se trata de comprender de qué manera surge y se desarrolla en Bolivia la filosofía entendida ésta no sólo como mero trasplante europeo sino como propuesta de pensar la realidad nacional. El ensayo se inicia con la revisión de los planteamientos de Franz Tamayo y las ideas positivistas. Continúa con la revisión del modo en que surgieron y se implantaron el antipositivismo, la fenomenología, la ontología, el marxismo, el existencialismo, el estructuralismo, la hermenéutica, etc.

Las distintas filosofías que se desarrollaron en Bolivia a lo largo del siglo XX  (sean éstas importadas u originales) parecen estar preocupadas tanto por la reflexión en torno de los problemas filosóficos universales, como por la construcción práctica de una modernidad alternativa. No se puede negar entonces que la filosofía en Bolivia, como en todo pueblo, ha tenido sus núcleos problemáticos universales, sin embargo la principal dificultad es que no ha germinado  una filosofía sobre esa modernidad alternativa que tendría que estar basada  en otra forma de mestizaje en razón de la diferencia y la naturaleza abigarrada de la sociedad.

En el segundo, tercer y cuarto ensayo desarrollan esta idea de una filosofía de una modernidad alternativa como ethos barroco propiamente boliviano. A diferencia de otras concepciones del barroco y del mestizaje que se plantean en términos negativos, aquí se trata de recuperar los  sentidos positivos de la mezcla cultural. Una filosofía de la identidad boliviana se plantea entonces en oposición a los enfoques puristas, indigenistas o etnicistas. Para hacer este replanteo nos fundamentamos en el desarrollo histórico del siglo XVII en Potosí. Nuestro pasado colonial se relaciona con lo que hoy somos. Muchas de nuestras percepciones y preocupaciones actuales provienen de sensibilidades y preguntas de aquella época. Esta relación histórica con el pasado y el hecho innegable de la pervivencia de muchos símbolos y rituales nos permiten pensar en otro tipo de modernidad, es decir, en una nueva forma de organización social basada en los elementos de la cultura popular andina, pero sin reducirla al folklore.

Esta idea una modernidad propia, andina, coincide con lo que denominamos como el ethos barroco boliviano, es decir, con la mezcla cultural producida entre la tradición occidental europea  con las formas tradicionales del conocimiento indígena. Negar ese vínculo cultural entre el pasado y el presente no sólo lleva a desconocer el vínculo histórico entre la cultura occidental y la cultura local, sino también a postular una injustificable posición política que  deriva en una deformación histórica del pasado. En esta discusión sobre la necesidad de revalorar los conocimientos locales incluímos reflexiones  sobre la obra de Juan José Alba, Jorge Zabala y Juan José Bautista.

Los siguientes ensayos se agrupan en torno a la literatura. Se trata de analizar críticamente la obra narrativa de Edmundo Paz Soldán,  Jaime Saenz, Adolfo Cáceres Romero, Néstor Taboada Terán, Renato Prada Oropeza y los nuevos narradores como Rodrigo Hasbún, Liliana Colanzi, Giovanna Rivero y Magela Baudoin.  Lo que justifica la agrupación de estos autores es que ellos representan en la actualidad importantes obras narrativas que contienen ideas filosóficas sobre el ethos boliviano y la modernidad alternativa. Por supuesto que no se trata de reducir lo literario a la expresión de ideas filosóficas. Hemos tenido cuidado de elaborar estos ensayos tomando en cuenta su relativa autonomía formal, destacando sobre todo sus logros estéticos (que no se separan de sus contenidos filosóficos).

Con toda razón los lectores nos preguntarán ¿cuáles han sido los criterios para seleccionar a estos autores y no otros? No se trata de hacer una historia de la literatura, un inventario o un catálogo, tarea imposible ya que siempre habrán autores que por diversas razones no aparecerán incluidos. El principal criterio ha sido entonces la consideración, discutible innegablemente, de que constituyen ejemplos representativos de una parte de la producción narrativa boliviana actual. Igual que con muchos filósofos a los cuales no nos hemos referido por razones de espacio, la no inclusión no significa que subestimemos a otros  autores que han desarrollado valiosas obras. Reiteramos lo que ya dijimos en otro libro anterior La representación de la identidad en la literatura boliviana: pretendemos que estos ensayos discurran por un enfoque hermenéutico, abierto y crítico, es decir vivo, como la realidad que lo inspira.

Cabe reiterar que la unidad de los ensayos reunidos en este libro reside en la idea de proponer una conceptualización sobre el ethos barroco en Bolivia. Esto significa  replantear el mestizaje no tanto en conceptos abstractos propios del imaginario simbólico occidental  sino a partir de nuestra situación histórica social y política. 

Es  posible concebir  el mestizaje como un ethos barroco, es decir como otra forma de modernidad, lo que tendríamos que hacer  entonces es revalorarlo como una forma de identidad positiva ya que no sólo constituye una solución frente al racismo, sino que también representa un proyecto anticapitalista. Ante el neoliberalismo se justifica una posición crítica contra los excesos de la racionalidad moderna instrumental y que por tanto no es convincente la tesis de que el único camino para los países como Bolivia es la inserción en la modernidad estadounidense. No podemos aceptar la idea de que debemos integrarnos (y globalizarnos) abandonando todo nuestro legado histórico. Esta posición nos recuerda a las teorías positivistas y liberales de fines del siglo XIX. En lo que no estoy de acuerdo con autores como Jorge Larrain es con su afirmación de que el mestizaje sea sólo un retorno esencialista al pasado y una reacción esteticista en el contexto del neoliberalismo. El mestizaje es otra forma de racionalidad y de organización social; no es sinónimo de “posmodernismo latinoamericano”. Revalorar el mestizaje como un ethos barroco en Bolivia significa proponer una racionalidad no capitalista va más allá de los debates academicistas. Significa valorar la heterogeneidad, el pluralismo y la diversidad, es decir, lo que no tiene la modernidad capitalista que se reduce al desarrollismo económico y a la pura modernización tecnológica. 

Este libro contiene ensayos sobre una parte de la producción filosófica y literaria en Bolivia. En conjunto tienen coincidencias temáticas que justifican su publicación en un solo volumen. En el primer ensayo “La filosofía en Bolivia en el siglo XX” se trata de comprender de qué manera surge y se desarrolla en Bolivia la filosofía entendida ésta no sólo como mero trasplante europeo sino como propuesta de pensar la realidad nacional. El ensayo se inicia con la revisión de los planteamientos de Franz Tamayo y las ideas positivistas. Continúa con la revisión del modo en que surgieron y se implantaron el antipositivismo, la fenomenología, la ontología, el marxismo, el existencialismo, el estructuralismo, la hermenéutica, etc.

Las distintas filosofías que se desarrollaron en Bolivia a lo largo del siglo XX  (sean éstas importadas u originales) parecen estar preocupadas tanto por la reflexión en torno de los problemas filosóficos universales, como por la construcción práctica de una modernidad alternativa. No se puede negar entonces que la filosofía en Bolivia, como en todo pueblo, ha tenido sus núcleos problemáticos universales, sin embargo la principal dificultad es que no ha germinado  una filosofía sobre esa modernidad alternativa que tendría que estar basada  en otra forma de mestizaje en razón de la diferencia y la naturaleza abigarrada de la sociedad.

En el segundo, tercer y cuarto ensayo desarrollan esta idea de una filosofía de una modernidad alternativa como ethos barroco propiamente boliviano. A diferencia de otras concepciones del barroco y del mestizaje que se plantean en términos negativos, aquí se trata de recuperar los  sentidos positivos de la mezcla cultural. Una filosofía de la identidad boliviana se plantea entonces en oposición a los enfoques puristas, indigenistas o etnicistas. Para hacer este replanteo nos fundamentamos en el desarrollo histórico del siglo XVII en Potosí. Nuestro pasado colonial se relaciona con lo que hoy somos. Muchas de nuestras percepciones y preocupaciones actuales provienen de sensibilidades y preguntas de aquella época. Esta relación histórica con el pasado y el hecho innegable de la pervivencia de muchos símbolos y rituales nos permiten pensar en otro tipo de modernidad, es decir, en una nueva forma de organización social basada en los elementos de la cultura popular andina, pero sin reducirla al folklore.

Esta idea una modernidad propia, andina, coincide con lo que denominamos como el ethos barroco boliviano, es decir, con la mezcla cultural producida entre la tradición occidental europea  con las formas tradicionales del conocimiento indígena. Negar ese vínculo cultural entre el pasado y el presente no sólo lleva a desconocer el vínculo histórico entre la cultura occidental y la cultura local, sino también a postular una injustificable posición política que  deriva en una deformación histórica del pasado. En esta discusión sobre la necesidad de revalorar los conocimientos locales incluímos reflexiones  sobre la obra de Juan José Alba, Jorge Zabala y Juan José Bautista.

Los siguientes ensayos se agrupan en torno a la literatura. Se trata de analizar críticamente la obra narrativa de Edmundo Paz Soldán,  Jaime Saenz, Adolfo Cáceres Romero, Néstor Taboada Terán, Renato Prada Oropeza y los nuevos narradores como Rodrigo Hasbún, Liliana Colanzi, Giovanna Rivero y Magela Baudoin.  Lo que justifica la agrupación de estos autores es que ellos representan en la actualidad importantes obras narrativas que contienen ideas filosóficas sobre el ethos boliviano y la modernidad alternativa. Por supuesto que no se trata de reducir lo literario a la expresión de ideas filosóficas. Hemos tenido cuidado de elaborar estos ensayos tomando en cuenta su relativa autonomía formal, destacando sobre todo sus logros estéticos (que no se separan de sus contenidos filosóficos).

Con toda razón los lectores nos preguntarán ¿cuáles han sido los criterios para seleccionar a estos autores y no otros? No se trata de hacer una historia de la literatura, un inventario o un catálogo, tarea imposible ya que siempre habrán autores que por diversas razones no aparecerán incluidos. El principal criterio ha sido entonces la consideración, discutible innegablemente, de que constituyen ejemplos representativos de una parte de la producción narrativa boliviana actual. Igual que con muchos filósofos a los cuales no nos hemos referido por razones de espacio, la no inclusión no significa que subestimemos a otros  autores que han desarrollado valiosas obras. Reiteramos lo que ya dijimos en otro libro anterior La representación de la identidad en la literatura boliviana: pretendemos que estos ensayos discurran por un enfoque hermenéutico, abierto y crítico, es decir vivo, como la realidad que lo inspira.

Cabe reiterar que la unidad de los ensayos reunidos en este libro reside en la idea de proponer una conceptualización sobre el ethos barroco en Bolivia. Esto significa  replantear el mestizaje no tanto en conceptos abstractos propios del imaginario simbólico occidental  sino a partir de nuestra situación histórica social y política. 

Es  posible concebir  el mestizaje como un ethos barroco, es decir como otra forma de modernidad, lo que tendríamos que hacer  entonces es revalorarlo como una forma de identidad positiva ya que no sólo constituye una solución frente al racismo, sino que también representa un proyecto anticapitalista. Ante el neoliberalismo se justifica una posición crítica contra los excesos de la racionalidad moderna instrumental y que por tanto no es convincente la tesis de que el único camino para los países como Bolivia es la inserción en la modernidad estadounidense. No podemos aceptar la idea de que debemos integrarnos (y globalizarnos) abandonando todo nuestro legado histórico. Esta posición nos recuerda a las teorías positivistas y liberales de fines del siglo XIX. En lo que no estoy de acuerdo con autores como Jorge Larrain es con su afirmación de que el mestizaje sea sólo un retorno esencialista al pasado y una reacción esteticista en el contexto del neoliberalismo. El mestizaje es otra forma de racionalidad y de organización social; no es sinónimo de “posmodernismo latinoamericano”. Revalorar el mestizaje como un ethos barroco en Bolivia significa proponer una racionalidad no capitalista va más allá de los debates academicistas. Significa valorar la heterogeneidad, el pluralismo y la diversidad, es decir, lo que no tiene la modernidad capitalista que se reduce al desarrollismo económico y a la pura modernización tecnológica. 

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