(1973- 2023)
En la ciudad de Cochabamba Bolivia, se festejaron los 50 años de una promoción del Instituto Laredo, promoción a la que orgullosamente pertenece su servidor.
Recuerdo que cuando ingresé al Instituto, el panorama era muy deprimente ya que pasábamos clases en un viejo galpón que servía de estacionamiento para los autos. Bueno, como no éramos tantos, no había problema. Por las mañanas, las clases eran como en cualquier otra escuela, con materias de humanidades, pero en las tardes eran de música, solfeo, canto, instrumentos, composición, etc. A pesar de las instalaciones tan deficientes, era una maravilla ver nacer a grupos corales que, como voces de ángeles del infierno, resonaban en aquel viejo galpón desvencijado. Y yo pensando entonces si acaso ¿el arte siempre surge de las ruinas?

Mi grupo no era muy grande (hace 50 años) , no más de 20 alumnos, mixto. Con el tiempo fuímos haciéndonos cada vez menos. Algunos desertaron, otros se fueron a otras escuelas o desaparecieron. Al final quedamos nueve: Luis Unzueta, Fernando Zurita, Rosario Pericón, Gonzalo Canedo, Samuel Arriarán, Miriam Bustamente, María Elena Torrico, Gastón Gonzalez y Fernando Cossío.

En una fotografía tomada en aquel lejanísimo año de 1970, durante unas vacaciones, en Vinto, estamos todos (Ronald Martínez, Dolly Ferrufino, Wilge Toranzos (que después fallecieron), Leonardo Anaya, María Eugenia Rivero, Elsa Gandarillas, Emilia Aguirre, Rodolfo Ibañez, María Rodríguez, que se fueron quién sabe adónde (y aunque no sabemos en que país viven sin embargo no dejan de comunicarse de vez en cuando). No perdemos la esperanza de reecontrarlos.

¿ Y nuestros profesores del Instituto Laredo ¡ ¡Qué profesores! Un alemán Harry Marcus (literatura), Fredy Cortés (dibujo), un belga René Vankeirsbilck (matemática moderna) Franklin y Rafael Anaya (música). Habían muchos otros que también se fueron o fallecieron pero quedan en nuestra memoria como recuerdos imborrables ¡Cómo olvidar a Harry Marcus! quién nos hizo entrar al mundo fantástico de la literatura y la filosofía! Él nos puso a leer a Ray Bradbury, Julio Verne, Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe y Julio Cortázar. De inmediato se produjo en nuestras mentes una especie de shock que despertó fuertes emociones dándonos acceso a universos desconocidos.
Creo que de ahí surgió mi pasión por los libros. Todavía guardo los libros de esos autores y muchas veces vuelvo a leerlos sin otro fin que el puro placer y deleite recordando a ese profesor que ocasionó una revolución en la escuela. Esa revolución se extendió a otras actividades. Nos dijo que la educación no se reducía al aula sino que había que salir a la calle para completar el aprendizaje a través de los libros. Había que experimentar en la vida misma. Para ello nos puso un ejemplo, construir globos aerostáticos, soltarlos y seguirlos por las calles hasta recuperarlos. Primero había que fabricar una veleta, ponerlo en el techo de la escuela (para que nos señalara la dirección del viento; no vaya a ser que el globo cayera en una refinería y provocara un incendio o una tremenda explosión). Y así me pasé varios años leyendo libros y más libros, persiguiendo y rescatando globos en la ciudad de mi infancia que todavía era una ciudad no contaminada, sin televisión ni Internet.
50 años no pasan en vano
