La lectura en la universidad: hermenéutica literaria y era digital

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Para comprender la lectura hoy, necesitamos una nueva manera de entender lo educativo sin subestimar los nuevos lenguajes como el chat, las videoconferencias, el facebook o el teléfono celular. Sería un error descalificarlos como reduccionistas o contrarios a la escritura tradicional. Lo que deberíamos considerar es su función como nuevas formas conversacionales. Son recursos que tienen la novedad de que se platica o conversa por escrito, ya no en la relación cara a cara, sino mediante la interfaz de la pantalla. Vemos a nuestros alumnos en los pasillos, patios, cafeterías o cualquier lugar extra-clase, conversando de una manera donde el placer que experimentan es muy evidente, mientras que el paso al aula significa un rompimiento, a veces brusco y violento con la experiencia placentera de la plática entre amigos. ¿Por qué llegar a tener una relación tan placentera con los libros, el estudio y la elaboración de textos escritos es tan difícil y a veces inalcanzable? Resalta el entusiasmo, placer y la facilidad con la que los jóvenes han recibido y aprendido a utilizar los medios audiovisuales

La experiencia en la formación de profesionales de la educación durante tres décadas, nos ha permitido observar una transformación de las actitudes relacionadas con la construcción de conocimientos en el nivel universitario. Esta transformación crea una nueva relación entre docentes, estudiantes y materias de estudio. En efecto, los problemas para acceder a la cultura académica concebida alrededor del libro y la actitud lectora que éste requiere, son hoy en día más evidentes, lo cual ha dado lugar a programas denominados de alfabetización académica que tienen la finalidad de apoyar a los estudiantes en su trayecto por la educación superior.

Esta situación nos ha invitado a investigar si lo que se está transformando es el estilo cognitivo cultural en la construcción de conocimientos como los referentes a los estudios profesionales.

 Ingresar a la escuela en el contexto occidental significa elaborar conocimientos a través de la cultura académica. El trayecto por la escolaridad significa apropiarse cada vez más eficientemente de la cultura de la escritura. En las etapas del preescolar y la primaria se transita por la lectura y la escritura de una manera quizás plana para una parte de los infantes, pero para otra parte, esta fase puede ser el inicio de una relación difícil con la lectura y con la escritura; por su parte, los jóvenes realizan los estudios de secundaria y bachillerato con cierta resistencia hacia la lectura y la escritura, pero también con cierta laxitud, debida en gran parte a las dificultades para los docentes de atender a una numerosa población en las aulas de estos niveles escolares.

En consecuencia, se puede señalar que cuando los estudiantes ingresan al nivel universitario sienten que dan un gran salto cualitativo entre éste y los niveles antecedentes. Este paso se traduce en dificultades para leer y escribir a la manera y al ritmo que se les requiere en la universidad. De este modo, en la práctica en los estudios profesionales los docentes universitarios encontramos retos pedagógicos de distinto orden, para atender los problemas que enfrentan los estudiantes en el desempeño en la cultura de la escritura o alfabetización académica, entre los cuales destacamos los siguientes:

• Dedicación requerida en los estudios universitarios a la lectura y la escritura. Esto significa construir hábitos como acudir a la biblioteca en busca de material de consulta; diseñar y conservar un espacio y un horario dedicados a la lectura y la escritura.

• Formación de hábitos de estudio. Este aspecto se refiere a una práctica comunicativa inherente a la cultura académica. Lo que es importante resaltar en este problema es que los estudios previos a los del nivel universitario, difieren mucho en cuanto a la relación que los estudiantes establecen con los textos, pues frecuentemente está basada dicha relación en lectura y escritura fragmentadas, es decir sin el reto de elaborar productos escritos en géneros textuales necesarios en la educación universitaria, caracterizados por la mayor exigencia tanto de consulta de fuentes de información, como de redacción y estructuración de documentos escritos amplios y de cierta profundidad conceptual. Este tipo de prácticas de lectura fragmentada desfavorece la consolidación de hábitos de estudio y trabajo propicios para la etapa universitaria.

 • Apropiación del lenguaje escrito académico desarrollado en los textos de las disciplinas de estudio en la formación de profesionales. Como sabemos, los textos de nivel universitario manejan redes conceptuales generadas en la tradición o quehacer propio de cada ciencia social en el caso de las que intervienen en la preparación de profesionales de la educación. Esta circunstancia significa arduo trabajo para la comprensión de los textos que requieren ser leídos en la universidad.

 • Utilización de estrategias para la lectura sistemática de los textos. Derivada de la extensión y la complejidad conceptual de los textos de nivel universitario, a las que se hace alusión en el punto anterior, se presenta la dificultad para seguir la propuesta conceptual de una lectura mediante el subrayado selectivo, las anotaciones al margen, entre otros.

• Desarrollo de recursos de escritura para el estudio. Este aspecto hace énfasis en las dificultades para elaborar resúmenes, síntesis, comentarios, cuadros sinópticos, etc. sobre los textos leídos que servirán más adelante para elaborar trabajos escritos propios del quehacer universitario, así como para las participaciones orales en la construcción colectiva del conocimiento.

 • Dominio de la estructuración de textos de uso académico. El logro de esta habilidad y, en consecuencia su problematicidad, se presenta como el reto más grande para estudiantes y docentes. En efecto, la consolidación de la formación del profesional adquiere su reflejo más preciado cuando culmina en la producción de textos que den cuenta tanto del manejo conceptual de las materias de estudio como de ideas propias del estudiante, con un alcance pertinente en cuanto a los aspectos conceptuales y los formales del texto producido. Esta fase incluye el desarrollo adecuado de acuerdo con el tipo de texto en cuestión en el contexto académico.

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