Hermenéutica de la lectura literaria: nuevos enfoques teóricos y pedagógicos

En los últimos años han surgido nuevos planteamientos teóricos que abordan el significado de la lectura de la literatura ¿cuáles son esos planteamientos y qué relevancia tienen para la comprensión del tema educativo?, ¿de qué manera replantear el papel del lector?, ¿cuáles son las principales aportaciones en los últimos años?

Quizá la más importante aportación consiste en el viraje de la atención sobre la lectura hacia el lector, es decir, lo que ahora se subraya no es tanto el sentido del texto sino el modo en que se lee el texto ¿quién es el lector o los lectores?, ¿cómo leen?, ¿en qué condiciones?, ¿para qué?

 En este trabajo lo que intentaremos comprender no es la hermenéutica de la lectura en general, sino la hermenéutica literaria. Nos interesó el problema de la crisis de la lectura como consecuencia del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, y particularmente las implicaciones de esta crisis en la educación. La conclusión a la que llegamos es que en vez de oposición hay más bien complementación. No hay sustitución de la lectura sino más bien ampliación y enriquecimiento de la escritura.

Ahora hay que profundizar en el análisis de la experiencia estética como tal, base de la lectura literaria, experiencia que se da sobre todo en el lector. Para este fin nos apoyaremos en diversos autores como Julio Ortega, Ricardo Piglia, Hans Blumemberg, Alberto Manguel, George Steiner y Hans Ulrich Gumbrecht.

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¿Y por qué estos autores y no otros? Porque ellos estudian los diversos públicos que hacen posible la producción de libros en diferentes fases de la historia. Nunca hay un modo abstracto de producir o leer, todo depende de las necesidades de un tipo de sociedad. Ellos coinciden en insistir en la necesidad de contextualizar el acto de lectura porque nadie produce por producir sino para satisfacer las demandas específicas de diferentes lectores, como por ejemplo de quienes demandan novelas policiales, best sellers, poemas o ensayos.

Este enfoque tiene enorme interés en México y los países latinoamericanos donde existe una historia todavía no explorada de aquellos lectores que se formaron a partir de los textos literarios.

Julio Ortega señala que en América Latina hay una historia de la lectura y de la escritura como ejercicio de inscribir un mundo, de dar sentido a una identidad que no es española ni puramente indígena sino mestiza. Los conquistadores supuestamente habrían impuesto la racionalidad de la escritura pero la paradoja es que ¿cómo podían imponer la escritura si no sabían leer? Los españoles no borraron ni sustituyeron la oralidad indígena. Se dio un proceso de traducción y desciframiento desde abajo. Lo que hay son fábulas de la memoria sobre la historia del aprendizaje de la letra.

Conviene tener muy en cuenta este enfoque porque el texto literario, tal como lo ha definido Aristóteles es algo que se relaciona con la ficción y no con la historia como lo que sucede en la realidad. Ricardo Piglia señala que los sujetos que leen (pueden ser personas reales como el Che o imaginarias como Ana Karenina) establecen un modo particular de leer a partir de su experiencia cotidiana. En el caso del Che, (quien para leer se subía a un árbol con el fin de sustraerse un momento de su vida diaria para luego volver a su actividad revolucionaria) y en el caso de Ana Karenina, para encontrar un sentido a su vida a través de la ficción.

Alberto Manguel señala varios rasgos de la historia de la lectura como la idea de que la ficción nos da a los lectores un sentido para vivir. No se trata de evadirse de la realidad, sino más bien de conectarse con ella para no caer en el caos o la desesperación. Además, que puede haber una determinación política cuando se limita la libertad de los lectores mediante la censura directa (caso de los gobiernos autoritarios).

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En la historia de la lectura, nos dice, pueden existir situaciones donde hay lecturas pero no hay lectores porque éstos son perseguidos o eliminados por cuestionar el orden social. También se da el caso de que pueda haber lectores pero sin libros porque ciertas lecturas están prohibidas.

Hans Blumemberg señala que en cada sociedad y en cada época surge un tipo de lector que interpreta la lectura de diferentes maneras a partir de concepciones filosóficas generales. Es así como estudia la idea de leer la naturaleza y el mundo como un libro ¿por qué el libro ocupó el lugar de la realidad? No hubo una sola manera de libro sino varias (que varían históricamente) que describen experiencias particulares, por ejemplo, una metáfora del libro como equivalente al universo, de la historia, de la vida e incluso del libro de los sueños (como en el psicoanálisis de Freud) y por último, del libro de  los códigos genéticos. Y es que la estructura del genoma humano equivale a un libro abierto donde podemos hallar los signos de lo que fuimos, de lo que somos y hasta de lo que nos depara el futuro. Como en el libro de Dios, en el genoma todo ya está escrito. Por nuestra parte podríamos agregar que Internet representa también la metáfora del libro como la memoria infinita del pasado y del presente donde casi todo está escrito.

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Esto equivale a decir que estamos ante una nueva metáfora de la gran biblioteca universal como paradigma ocular (el “Aleph”) o esfera mágica donde se encuentra prefigurado casi todo el pasado y el presente.

Para George Steiner el acto de leer tiene una importancia mayor en el contexto del mundo en que vivimos cuando se pierde el sentido de la educación y de la cultura. Leer en estas condiciones equivale a perseverar en la conservación de un núcleo básico de conocimientos humanísticos, es decir, de la posibilidad de una educación general como base inteligente de todo saber particular o especializado. Leer no es tanto una actitud pasiva de entretenimiento ante un texto, sino más bien una acción de dar sentido a la realidad. Por eso es que los lectores se asocian con un acto que implica una responsabilidad ante la historia pasada, presente y futura.

La lectura implica forzosamente el silencio ya que en el mundo actual, sometidos como estamos al ruido, necesitamos el silencio para pensar. En este sentido la lectura es un medio y no un fin en sí. Podemos pensar a través de la lectura, lo que requiere necesariamente el silencio.

Y por último, revisamos la teoría de Hans Ulrich Gumbrecht para quien la lectura equivale siempre a un acto concreto, de contacto con presencias físicas y reales. El problema es que frente a las nuevas tecnologías de la comunicación que producen la descorporeización y borran  el pasado, hace falta reconectarnos a través de la lectura con las personas físicas y con las cosas del mundo.

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