
Nos hallamos ante la necesidad de profundizar y desarrollar por lo menos en tres líneas de investigación: 1) una ética ligada a la hermenéutica de la literatura: 2) una distinción más precisa entre oralidad, escritura y cultura digital: y 3) una ampliación de la hermenéutica a la problemática de la traducción.
- Una ética ligada a la hermenéutica literaria
Si la hermenéutica literaria no se reduce al momento de la producción autoral, es necesario profundizar el momento de la recepción, lo cual nos lleva a la necesidad de investigar más el acto de la lectura como una relación compleja. Esta complejidad tiene que ver principalmente con la cuestión de cómo valoramos al lector, pero también a la actividad de leer como una experiencia creativa.
La literatura entonces tendría que replantearse como una forma de leer y escribir más allá de la neutralidad y la indiferencia. No se trata sólo de un simple desentrañamiento de lo oculto o de una pura interpretación de síntomas, sino de buscar el enigma dialógicamente. Esta búsqueda dialógica no es especulativa ni puramente academicista. Se trata de un acto ético, lo que no significa postular una doctrina de valores o normas sino una actitud de responsabilidad de un sujeto ante su deseo y su goce. Las palabras pueden matar ese goce o curar.
En el mundo actual todos gozan su síntoma pero este es un goce obsceno que no educa. Por eso la necesidad de responsabilizarse con el Otro (hay otro que habla y es a través de mí, como yo hablo y soy a través del otro). Como dice Iris Zavala: La escritura conduce al concepto de goce, es goce que el lector tiene que descifrar, que interpretar. La ética de la lectura significa crear una red simbólica que nos ayude a leer el síntoma y comprender la resonancia en el cuerpo. Leer para percibir con mayor nitidez los textos que persistirán los embates del tiempo y ser así susceptibles a las múltiples interpretaciones que deja el tiempo en la corteza de la letra escrita (Zavala, 2009, p. 47).
La mejor manera de conectar el acto de lectura con la ética es a través de la experiencia poética. Pero habría que aclarar que por poesía no entendemos lo que es hablar en rima o decir cosas bellas. La poesía es creación que resuena en el cuerpo, si hay poesía hay acotamiento del goce. La teoría de la lectura como acto ético intenta llevar más allá la tesis de lector creador. El lector hace una nueva escritura. El acto de lectura siempre es un acto de reaprender. Siempre hay algo creador de lo escrito, la poesía (que puede estar también en forma de prosa) introduce al lector a otro mundo de símbolos, a través de metáforas.
Debemos entonces investigar más (desde una perspectiva filosófica) en el papel del lector que al contactar con el otro entra en él mismo. Cuando leemos, despertamos la subjetividad dormida. Investigar en el papel del lector no significa subrayar tanto su aspecto exterior, empírico y objetivo, tal como lo harían los modelos tecnológicos, sino más bien en cómo funcionan y despiertan sus emociones. En este sentido importa lo que los textos pueden producir en su corporalidad. Si lo que lee son textos comunes y corrientes no se producirá ningún efecto, salvo una mínima información, pero hay otros tipos de textos que pueden provocarle un shock. un incendio en la mente y en el cuerpo: No basta una lectura simple ni la apropiación sin más del texto para convulsionar la mente lectora. Tampoco produce tal consecuencia cualquier texto, ni en todos los lectores del mismo modo o con igual resultado. La chispa hechizante requiere una yesca también apropiada, un estado o terreno fértil: un ansia de semilla y siembra (Domínguez Rey, 2006, p. 94).
En este punto hay que señalar que no todos están de acuerdo con la postulación de una ética de la lectura. Es el caso de Harold Bloom quien ha señalado que el acto de lectura no tiene que vincularse necesariamente con una comunidad. Se trata siempre de un acto privado e individual. Concebir la lectura en función de los otros conllevaría una actitud pedagógica:
“No trates de mejorar a tu vecino ni a tu ciudad con lo que lees ni por el modo en que lees. El fortalecimiento de la propia personalidad ya es un proyecto bastante considerable para la mente y el espíritu de cada uno” (Bloom, 2002, p.21).
Desde nuestro punto de vista, el hecho de negar el carácter ético de la lectura implica un inaceptable reduccionismo a una praxis personal. Implica negar también toda conexión con un proyecto educativo, ya que la educación difícilmente puede desarrollarse fuera de la sociedad. Foucault ha señalado que, desde los griegos hasta la actualidad, el cuidado de sí siempre es un cuidado de los otros. La ética de la lectura tiene su mejor fundamentación en la concepción de la propia potencia de las palabras. Esto significa que el lenguaje supone siempre a un Otro (de ahí su carácter heterogéneo y múltiple). Alguien puede ser dañado o aliviado por las palabras en tanto están cargadas de afectos.
- Diferencias entre oralidad, escritura y nueva oralidad
Cada una tiene una memoria distinta, la memoria oral tiene su base en el grupo y tiene sus narradores especializados en contar cientos de fábulas y leyendas. La memoria escrita es más formal:
“La tarea de escribir la cumpliré primero con mi pensamiento y solo cuando esté satisfecho de este texto mental trataré de fijarlo en la escritura y aun en la escritura tendré que tachar, modificar, graduar matices” (Cardona, 1994, p. 370).
La oralidad tiene su propia lógica, en la medida en que se realiza a través de la voz, la palabra puede tener su propia potencia y eficacia. Por ejemplo cuando se hace una plegaria, es una petición, o cuando se pronuncia una frase repetidamente para tranquilizarse y dar un sentido a una vida que no la tiene (como en muchas novelas latinoamericanas o en infinidad de canciones y coplas populares). Otra característica importante de la oralidad es que se vincula más con experiencias de lo sagrado ya que establece un diálogo interior con divinidades. Además de investigar cómo se desarrolla la oralidad en el contexto de un catolicismo barroco latinoamericano, también es importante investigar en mayor profundidad el significado de las fábulas y mitos que se transmiten de una generación a otra. Este significado muchas veces al reproducir la tradición puede representar una ruptura y subversión con los códigos de la escritura hegemónica.