La recepción de Vattimo en América Latina

hermenéutica

Un aspecto fundamental de la hermenéutica es su carácter histórico. No se puede hablar de una hermenéutica abstracta. Su validez depende siempre de contextos particulares.  Tomando en cuenta que la interpretación sólo ocurre en situaciones históricas concretas, en mi caso, lo que me preocupa es si es posible desarrollar una hermenéutica latinoamericana.

Una hermenéutica latinoamericana tiene que considerar el lenguaje particular (lo cual no implica necesariamente ser antiuniversalista) y de manera especial el lenguaje no escrito. Ciertamente en la tradición cultural de los países latinoamericanos existe una larga imposición de lo escrito. Necesitamos entonces desarrollar una teoría más amplia de la hermenéutica (esto equivale a estar de acuerdo con la idea de Gadamer) que abarque también lo no escrito. Esto significa que en América Latina la hermenéutica tiene que tomar en cuenta el impulso ancestral inspirado por las lenguas olvidadas. Este impulso ancestral da cierta prioridad a un conocimiento cultural diferente del que procede de la cultura europea occidental. Este conocimiento no es tanto producto de un aprendizaje (obtenido por métodos empíricos, inductivos o deductivos) sino más bien de una experiencia vivida, transmitido oral y visualmente y, con frecuencia intuitivo más que por escrito.

La noción de escritura puede ser vista como un archivo que nos remite solamente a un tipo de fuentes culturales y de recursos textuales. Pero el análisis hermenéutico en América Latina no puede reducirse a su parte europea. Precisamente si leyéramos únicamente ese lenguaje escrito ¿deberíamos excluir las presencias ancestrales, los ecos, los mitos y las creencias sepultadas que todavía resuenan en la cultura latinoamericana? La respuesta nos lleva a imaginar una teoría de la hermenéutica  donde se recuperen tradiciones culturales de diferente naturaleza.

A diferencia de Gianni Vattimo que postula que sólo puede haber una hermenéutica europea según su tradición, argumentaríamos que para Latinoamérica es mejor basarse en varias tradiciones y no sólo en una. De otra manera no entenderíamos nuestra dinámica cultural. Por ejemplo, en la literatura de Juan Rulfo las tradiciones ancestrales no están ni pueden estar escritas ni disponibles para la observación antropológica precisamente porque eluden los supuestos europeos sobre la historia.

El objetivo de Rulfo, al igual que para muchos escritores latinoamericanos (como Carlos Fuentes o García Márquez)  es mostrar elementos de la realidad que tienen muy poco que ver con la escritura.  Un paradigma interpretativo adecuado a la realidad de América Latina tendría que incluir lo ancestral, los mitos, las fábulas, lo no escrito como complemento necesario del lenguaje escrito; debe abarcar los modos orales y visuales de la memoria cultural que existen paralelamente junto con las tradiciones escritas.

Un problema muy importante en la reflexión filosófica actual es  si se puede hacer una hermenéutica latinoamericana. Algunos autores  han opinado que  esta tarea es imposible ya que sólo se puede hacer hermenéutica desde la tradición europea. El argumento ya fue desarrollado anteriormente por  Heidegger. Según este argumento la filosofía tal como la conocemos se desarrolló en Grecia, lo cual equivale a decir que los conceptos filosóficos se desarrollaron a partir de la lengua griega.  Pero como dice Mauricio Ferraris:

“Si pensamos un poco al respecto, es muy extravagante suponer que, retrocediendo a ciertas palabras originarias o a algunos textos fundamentales, se pudiera retroceder al momento en que fue constituido el sentido de la realidad en que vivimos…Se puede obtener la conclusión de que la historia (tanto del ser como de la lengua) sí determina nuestra comprensión, pero sólo en términos muy generales, que por lo tanto aclaran muy poco y sólo sirven para impostar un discurso generalmente cultural. Sería mucho más difícil sostener que la historia de todas y cada una de las palabras determine la comprensión del sentido”.

Si la hermenéutica la entendemos como  interpretación que ocurre siempre en situaciones históricas ¿hay necesidad de desarrollar una hermenéutica  tomando en cuenta que en América Latina tenemos  problemas específicos? por ejemplo, ¿qué somos? ¿adónde vamos? ¿qué hacemos con el país que se nos perdió? ¿cómo recuperar nuestra alteridad? ¿Cómo construir un Estado plural? ¿cómo rehacer una relación dialógica con la ciudad? Si el otro es también otro lugar ¿cómo construir una ciudad multicultural?¿cómo recuperar la memoria del pasado  de países como Argentina, Chile, Bolivia, México, etcétera ¿cómo construir una democracia que articule de otra manera el Estado, los partidos y la sociedad civil?

La principal dificultad de desarrollar una hermenéutica latinoamericana es la misma que se planteó a nuestra  filosofía. No es casual que  filósofos alemanes como Kart Otto Apel descalifican como relativistas  aquellos enfoques como los de Enrique Dussel que aspiran a un pensamiento propio. Sin embargo, esta acusación reiterada de relativismo no debe coartar la necesidad de construir nuestra propia comunidad de interpretación. Ahora, más que en el pasado, tenemos mayores y mejores argumentos para debatir y rechazar el eurocentrismo. Al comparar la perspectiva de la hermenéutica analógica- barroca con otros enfoques como los de la hermenéutica crítica (postulada por Habermas en su primera época y actualmente por Ricoeur), se puede ver más similitudes que diferencias.No existiría por tanto razones suficientes como para negar o subestimar una hermenéutica latinoamericana. El argumento contra el relativismo no se aplica, ya que   compartimos el universalismo.

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