Educación y multiculturalismo

No hay que seguir impulsando pedagogías falsamente igualitarias, sino de desarrollar propuestas fundamentadas en la diferencia. Tampoco que caer en el otro extremo (sostener concepciones radicalmente diferencialistas como postulan los enfoques educativos posmodernos).

En efecto, bajo la cubierta del posmodernismo, las reivindicaciones identitarias conducen a una idealización romántica del pasado. A través de lo otro, se reproduce lo mismo. Una educación multicultural tendría entonces que deslindarse de esta posición multiculturalista posmoderna radicalmente diferencialista. Desde esta posición todas las identidades son evanescentes, nunca pueden afirmarse simbólicamente ya que estarían imposibilitadas de convertirse en sujetos universales de la modernidad:

El desafío mayor del multiculturalismo proviene del carácter irreprimible de las demandas de identidad en la modernidad, así como de las consecuencias de su apertura a los principios mayores de la democracia. El campo político del multiculturalismo es un espacio incierto de tensiones, tanto desde el punto de vista de los envites que los estructuran, como a causa del carácter muy a menudo evanescente de las políticas identitarias.

Una salida alternativa entre las pedagogías igualitarias y las diferencialistas podría ser una postura intermedia, de relativismo moderado, tal como postulamos en México desde la pedagogía hermenéutica. Desde esta perspectiva se podría hablar de otra  interculturalidad, es decir de un multiculturalismo verdaderamente dialógico y respetuoso de las diferencias.

educación

Los debates en torno del multiculturalismo en los últimos años afectan a la idea de la etnicidad como  reivindicación de lo particular. Este particularismo étnico no tiene que ser considerado como algo maligno. No deberíamos explicar, por tanto, los conflictos étnicos como trágicos o catastróficos por una supuesta falta de conciencia universalista.  Hay dos sentidos de la palabra nación: una que corresponde a la etnia; el otro sentido corresponde al conjunto de los ciudadanos de un Estado.

Lo que se replantea actualmente en el debate  es que sería mejor hablar de “patriotismo constitucional”. Desde esta perspectiva, se trataría de postular  una necesaria separación entre la lealtad republicana y las comunidades de destino histórico. El dilema parece girar en torno a la siguiente pregunta: ¿es una condición necesaria para una identidad lograda entenderla con relación a la nación o con la humanidad?  Pero esto es un falso dilema, ya que el hecho de que una gran parte de la humanidad viva actualmente en la pobreza absoluta se debe a que el resto del mundo no permite que sean capaces de construir su propia identidad, de vivir como seres humanos.

El verdadero problema consiste, entonces, en que una parte (la parte europea y estadounidense) impide que el resto de la humanidad pueda alcanzar condiciones para desarrollar una identidad.

Es más plausible no oponer el particularismo y el universalismo. Son dos actitudes coexistentes y no necesariamente contrarias que se excluirían. Finalmente, en relación con la educación podemos concluir afirmando que cualquier  sistema educativo que niegue el acceso  a las formas más avanzadas de conocimiento y la investigación es injustificable.  Las enseñanzas morales, las formas de vida, y las tradiciones religiosas y culturales alternativas pueden estar disponibles  junto con otras formas de conocimiento. La obligación del Estado es proteger no solo la movilidad social de las nuevas generaciones, sino también de activar su derecho a desarrollar todas sus facultades morales e intelectuales.

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