Uno de los problemas más graves de las sociedades contemporáneas es el conflicto entre las culturas indígenas y el Estado nacional. Se diría que la amenaza de muerte que pesa sobre los indígenas se extiende sobre toda la sociedad. Actualmente, en muchos países da la impresión de que aparecen naciones que encierran dentro de sí mismas a otras naciones Se advierte que las fronteras actuales corresponden al interés de las clases dominantes y no a las aspiraciones populares. La unidad de la que se ufanan las grandes potencias oculta la opresión de les etnias y el empleo solapado o abierto de la violencia represiva. Las diferentes maneras de imponer su hegemonía un país sobre de determinada región o sobre otro país, se realizan a través del establecimiento de la dependencia económica, la marginación , la asimilación cultural y la neutralización de las fuerzas nacionales a cargo de élites apátridas.
La situación, actual en Bolivia y en América Latina consiste también en este enfrentamiento contra pueblos que se reconstituyen como etnias con una autonomía económica y política ¿qué significa en la actualidad el reconocimiento de estas culturas como pueblos emergentes con sus propias tradiciones culturales? Más allá de un simple hecho individual se observan provincias que se desarrollan como naciones y reclaman su autonomía. Estas provincias llaman la atención sobre un hecho nuevo: un renacimiento en todo el mundo de esas tendencias que los gobiernos centrales decidieron llamar “separatistas”. En la Unión Soviética, en Yugoslavia, España, Irlanda del Norte, Bélgica, Canadá, los conflictos sociales tienen una dimensión étnica. En palabras de de Darcy Ribeiro, el mayor conflicto es el choque entre las sociedades indígenas y el Estado nacional. Es así que las formas histórico-culturales en América Latina muestran que su desarrollo se debe a la conjunción y mezcla de matrices étnicas dispares como la indígena, africana y europea. El proceso de aculturación en América Latina se desarrolla sobre la base de la desestructuración y creciente deterioro de las culturas nacionales.

Todo ese conjunto de acciones de la nueva colonización configura el cuadro típico del etnocidio de las sociedades y pueblos indígenas. Se trata fundamentalmente de las mismas acciones que han estado acarreando a las poblaciones indígenas condiciones cada vez más precarias de supervivencia biológica como etnias autónomas.
El círculo de la dominación cultural no está cerrado mientras no se llega a la asimilación mediante la cual el colonizado acepta su condición dominada, adoptando las pautas culturales del dominador. Al parecer la situación de un indígena de la zafra en el oriente boliviano es semejante desde todo punto de vista a la de un trabajador colonizado; no es simplemente explotado (como lo es por ejemplo un obrero de la ciudad o de las minas), cuya lucha de clases es químicamente pura» – sino que es deliberadamente super-explotado, ya que por un trabajo igual, su salario es inferior al de un obrero urbano. Existe explotación del país por el Estado nacional. La explotación no solo beneficia a los capitalistas cruceños, beneficia también a una sociedad sostenida por el imperialismo estadounidense. Las clases trabajadoras no siempre son conscientes de la explotación y muchos asalariados soñaban en asociarse a las reivindicaciones de los obreros de las ciudades, lo que les permitiría conducirse a un centralismo negativo. En el caso de los indígenas, la cuestión económica y social se plantea en términos nacionales: cuando el país deje de pagar tributo fiscal, cuando sus problemas se planteen y resuelvan en sus territorios antes que en el gobierno de La Paz, podrán al mismo tiempo transformar libremente sus estructuras. Sólo habrá solución para el problema social cuando la nación boliviana se libere a su vez de la cultura que la oprime. Lo cierto es que para los indígenas proletarizados, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, afirmando en su más radical exigencia implica la revisión de las fronteras actuales, residuo de la expansión burguesa que no corresponde a las necesidades nacionales. Estas fronteras no son otra cosa que divisiones abstractas que esconden la conquista por la fuerza colonialista. La revisión de las fronteras solo puede hacerse a través de una revolución cultural que cree al hombre socialista sobre la base de su tierra, de su lengua e incluso de sus costumbres renovadas. La existencia de estos grupos étnicos nos conduce a entrever otros problemas. ¿este socialismo es válido? ¿O es solamente una solución provisoria para los países colonizados? ¿Estas concepciones pueden considerarse marxistas?
Un comentario en “Indígenas y Estado nacional”