La filosofía radical de Adolfo Sánchez Vázquez

Adolfo Sánchez Vázquez

Filosofía y circunstancias. Así se titula uno de los últimos libros de Adolfo Sánchez Vázquez (coedición de la UNAM y Anthropos). Lo que más me llama la atención en este libro es que, en él, se encuentran (además de importantes textos recientes, hasta ahora inéditos), muchos de los célebres ensayos donde se exponen las tesis centrales de la filosofía de la praxis, que han contribuido a formar el pensamiento de varias generaciones en México. Entre esas tesis están la necesidad de insertar la filosofía en el proyecto de transformación social, de defender el carácter racional de la filosofía y de situar el proyecto emancipador de Marx en un marco de racionalidad. Lo interesante es que al volver a leer estos ensayos, se los puede reinterpretar y revalorar desde nuevas miradas o perspectivas a la luz de lo que sucede actualmente. ¿Puede sostenerse su validez hoy cuando las circunstancias en que fueron escritos parecen haber cambiado? Yo me atrevería a opinar que nos encontramos ante una paradoja. Aunque el mundo se ha modificado mucho, especialmente a raíz del derrumbe del «socialismo real», en el fondo, las circunstancias son las mismas, ya que corresponden a la necesidad de luchar por una nueva sociedad frente a los excesos de la modernidad capitalista. Cuando el autor escribió esos textos no deseaba (ni desea hoy) que la filosofía se reduzca a la legitimación ideológica del orden social establecido. Tampoco aceptaba (ni acepta hoy) la cómoda posición de los filósofos «puros» aislados en su torre de marfil para no comprometerse con las exigencias de la transformación social.

O sea que, en principio, yo no estaría muy de acuerdo con el autor al sugerir (en el prólogo) la posibilidad de que los ensayos del libro acusen o resientan mucho las huellas del tiempo. No quiero decir que las circunstancias no han pesado. Creo que sí pesan, lo cual es natural, pero no en todos de la misma manera, sino en pocos, y por razones que son comprensibles. El peso de las circunstancias es innegable.
Por ejemplo cuando el autor acentuaba la oposición ciencia e ideología (por la necesidad del combatir el aventurerismo anarquista y los errores estratégicos de los movimientos ultradicales).

Así pues, creo que la mayor parte de las ideas expuestas en este libro, re-examinadas a la luz de la situación actual, no han perdido su vigencia. Me parece que siguen teniendo actualidad por una doble razón: en primer lugar, porque la sociedad capitalista (en su fase neoliberal) se encuentra ante una grave crisis y, en segundo lugar, por las consecuencias que dicha crisis tiene para la reformulación de la filosofía en México y en América Latina.

Lo que quisiera subrayar, entonces, es que dichos ensayos reaparecen en un buen momento político, social, es decir en una coyuntura favorable para la reactivación de las fuerzas sociales que luchan contra el capitalismo. Si tenemos en cuenta las circunstancias impuestas por la modernidad capitalista (que no son situaciones tan ocasionales) se comprende que la filosofía de Sánchez Vázquez, no ha cambiado. Javier Muguerza tiene razón cuando en la introducción del libro, explica que los acontecimientos esperanzadores que vivió el autor fueron principalmente a partir de su inserción en los problemas de América Latina. En este sentido indica, por ejemplo, que para probar la recepción de un marxismo creativo, el autor recurre siempre a Mariátegui y a nuestras revoluciones de la independencia. Yo añadiría que, sin perder nunca de vista a España, y muy dentro de los problemas de América Latina, lo principal es que la teoría política de Sánchez Vázquez mantiene su enfoque filosófico radical. Por ello es que actualmente adquiere una proyección de lucha contra el capitalismo neoliberal. Por supuesto que necesito matizar un poco y precisar que el neoliberalismo no es otra cosa que la continuación bajo una nueva forma del sistema de organización capitalista. Esto significa que su funcionamiento estructural es el mismo. Se trata de la misma política de bajos salarios, de gradual eliminación de obstáculos para la circulación de mercancías para mayor enriquecimiento de los ricos y la consiguiente política de explotación y opresión de los más pobres. O sea que si caracterizamos el neoliberalismo como una continuación de la forma básica de organización capitalista, la filosofía política de Sánchez Vázquez apunta hoy (igual que ayer) a la crítica radical de ese conjunto de mecanismos económicos y políticos para garantizar que los ricos mantengan el tipo de sociedad que consideran necesario.

Para argumentar y fundamentar mi opinión, dividiré los ensayos del libro en dos grupos. En la medida en que para el autor la historia de la filosofía no consiste en un filosofar en general, sino en tipos concretos de filosofar, dichos ensayos se pueden agrupar de la siguiente manera:

Primero. Aquellos que se refieren a los tipos de filosofar concretos como el de Kant, Hegel, Marx, de los filósofos mexicanos, del exilio español y el posmodernismo. En estos ensayos no puedo dejar de destacar el esfuerzo de apreciación crítica de la historia de la filosofía en México. Considero que esta apreciación es muy necesaria y útil para la consolidación de la comunidad filosófica iberoamericana, tan largamente anhelada. Ya el solo hecho de seguir hablándonos de la filosofía de Marx resulta muy alentador, pero también es significativo que el autor nos hable en este libro de filósofos tan cercanos a nosotros como Leopoldo Zea, Juliana González, Luis Villoro, Carlos Pereyra, Eli de Gortari, José Revueltas, Joaquín y Ramón Xirau, Manuel Sacristán, José Gaos, García Bacca, Emilio Uranga, y muchos otros que debemos recordar ya ellos nos transmiten la concepción de la filosofía como una reflexión vital y creativa.

Segundo. Hay otra clase de ensayos que se refieren al lugar que tiene la política en la filosofía de Sánchez Vázquez. Aquí se tratan los temas del poder, la democracia, la libertad, el Estado, etcétera. En estos ensayos se exponen, por ejemplo, la tesis de la filosofía de la praxis como filosofía de la transformación radical.

A continuación voy a referirme a algunos de los ensayos que a mi juicio resisten más el peso de las circunstancias, y al final me referiré a aquellos que quizá requerirían algunos ajustes.

Entre los ensayos que no necesitan que se les cambie ni una coma, están aquellos que contienen las tesis centrales de la filosofía de la praxis. Son aquellos que principalmente conectan la filosofía de la praxis con el movimiento del proletariado. Cuando el autor se refiere al proletariado como una clase revolucionaria, significa que por ser la clase más explotada, es la más interesada en la construcción del socialismo. El proletariado es revolucionario frente a la burguesía porque habiendo surgido de la industria, aspira, en lo económico, a liberar la producción de su carácter productivista, y en lo político a alcanzar la democracia más allá de los límites que impone el sistema capitalista.

Ahora bien, uno de los problemas que se derivan de lo anterior es: en cierto tipo de sociedades con poco desarrollo proletario (como América Latina) ¿se puede sostener un enfoque donde se subraya las contradicciones de clase?. Luis Villoro por ejemplo, ha señalado que el motivo por el que la ideología socialista no prendió en México, se debió justamente por ser un «país capitalista de escaso desarrollo proletario». Claro que este señalamiento tendría razón si el concepto de proletariado se redujera a la clase obrera, es decir a quienes ejercen el trabajo manual. Pero para Sánchez Vázquez, dicho concepto es más amplio ya que abarca a todos los asalariados, e incluye demandas que no son exclusivamente de clase. Esto significa que junto a las reivindicaciones de la clase obrera, se reivindican también las que corresponden a los movimientos nacionales, étnicos, de género, etcétera. Este planteamiento, constituye a mi juicio, una base sólida de reflexión que nos invita a continuar descubriendo problemas. A esta invitación podemos responder sin apartarnos de las tesis centrales de su filosofía de la praxis.

Un nuevo y difícil problema se nos plantea cuando vemos que hay sociedades donde además de existir poco desarrollo del proletariado, hay importantes diferencias culturales, es decir, sociedades donde no resulta fácil aplicar categorías de análisis concebidas originalmente para las sociedades capitalistas de Europa occidental. No se puede afirmar que el autor elude esta cuestión ya que a ella se refiere en varias partes del libro, por ejemplo en «Mitos y realidades de la identidad» o en «La filosofía sin más ni menos», además de los textos dedicados a Carlos Pereyra (a quien por cierto, debemos recordarle especialmente por haber sido de los primeros que en México, hace muchos años, nos habló de la importancia de la sociedad civil y de la cuestión nacional).

Sánchez Vázquez, que fue maestro de Carlos Pereyra, señalaba que es necesario repensar el marxismo a partir de la posibilidad de articular las contradicciones de clase con las contradicciones culturales y nacionales. Discutiendo también con filósofos como Leopoldo Zea, nos planteaba ¿qué hacer para no latinoamericanizar la filosofía? ¿cómo conciliar teórica y moralmente desde el marxismo la lógica del desarrollo de las fuerzas productivas con la realidad pluricultural y pluriétnica de América Latina?

Lo que captaron muy bien poetas como Luis Cernuda o intentaron captar filósofos tan sensibles como Joaquín Xirau, es justamente lo diferente: no lo que distingue por su liberalismo a América Latina de la España absolutista y «eterna», sino lo que está en las raíces prehispánicas y que se trató de extirpar. Además de Sánchez Vázquez, hay otro marxista en América Latina, que se dio cuenta de esta situación. Fue el peruano José Carlos Mariátegui, quien habló de la necesidad de un socialismo no europeo, es decir, de un socialismo que no fuera calco y copia. Para Mariátegui, es posible combinar el socialismo con la realidad pluricultural y pluriétnica. Obviamente que este tipo de filosofar se salió del dogmatismo de la época. Para la mayoría de los marxistas latinoamericanos las diferencias culturales eran incompatibles con el desarrollo de las fuerzas productivas. Precisamente ese desarrollo implicaba sacrificar las tradiciones locales ya que ellas constituían elementos relacionados con el atraso.

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Adolfo Sánchez Vázquez

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