Cómo construir categorías para pensar la realidad de América Latina

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¿Cómo construir categorías para pensar la realidad de América Latina?

El “uso acrítico de las categorías” se relaciona hoy, igual que ayer, con la manera repetitiva en que en la mayoría de las universidades de América Latina se estudian las filosofías de Nietzsche, Heidegger, Derrida, Foucault, Habermas o Vattimo. Evidentemente hay una repetición filosófica estéril que se conecta, como señala Guillermo Hurtado, con la moda del poscolonialismo.

Según esta moda ya no hay nada original ni particular en las culturas contemporáneas. Por eso ya no tendrían sentido las luchas de liberación, descolonización o de emancipación. Contra esta moda filosófica que se asocia ideológicamente con el posmodernismo (no con la posmodernidad que es algo distinto), es necesario pensar en construir otras categorías alternativas, aunque claro, primero habría que hacer algunas aclaraciones:

El posmodernismo no es lo mismo que la posmodernidad

 El posmodernismo es un conjunto de ideas y conceptos que tratan de explicar la nueva realidad global). La posmodernidad equivale a las nuevas condiciones sociales, económicas, tecnológicas globales en que vivimos. Ninguna sociedad escapa a estas condiciones.  Por eso es difícil si no imposible crear categorías propias.

Por supuesto que la posmodernidad tiene sus diferencias históricas en la medida en que se aplica y se desarrolla en países diferentes. Esto significa que deberíamos salir de los conceptos abstractos y hacer un análisis empírico de las prácticas posmodernistas. Se vería entonces cómo la globalización ha generado el establecimiento de redes tanto en los países hegemónicos como en los periféricos. La posmodernidad resalta el proceso de movilización y desplazamiento de inversiones del centro a los países subdesarrollados. En este campo se desarrollan por lo menos tres reacciones o tendencias:

a) la tendencia al posmodernismo o retorno al primitivismo, expresado sobre todo en algunos sectores que rechazan radicalmente el racionalismo y la civilización.

b) la tendencia al tradicionalismo o vuelta a las raíces como un rechazo a la modernización que viene en forma de inversión de capitales. Signos de este rechazo son el nacionalismo de los países de la ex URSS y algunos países de América Latina.

c) La tendencia al modernismo y la modernización en aquellos países que reciben las inversiones y que desean igualarse a los países del occidente capitalista (caso de México).

Estas reacciones de diferente tipo se relacionan con la interacción entre el proceso de la modernidad y el de la globalización. Por esa razón, la posmodernidad debería redefinirse como un conjunto diferenciado de formas o espacios que la gente construye para identificarse con lo que actualmente desea. Ahora bien, ¿de qué tipo es la alternativa de posmodernidad mexicana y latinoamericana?

En mi libro Filosofía de la posmodernidad  he intentado caracterizar esta nueva forma de funcionamiento de la sociedad como otra modernidad diferente de la racionalidad económica productivista y que en el terreno político exige la radicalización de la democracia.

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Esto significa que la alternativa de posmodernidad tiene que ser distinta de la modernidad capitalista. Pero también digo que hace falta superar el eurocentrismo ya que una modernidad no capitalista en América Latina necesita una teoría positiva sobre la recuperación de los elementos premodernos, indígenas, que no pueden ser absorbidos ni liquidados en nombre de la modernidad. En este sentido mi propuesta de una posmodernidad se basa ciertamente, como señala Hurtado, en el pensamiento de autores como José Carlos Mariátegui que indicaban la necesidad de rescatar las culturas indígenas como base del proyecto de nación socialista y multicultural. Como dice Sánchez Vázquez, la utopía socialista puede rescatarse y combinarse incluso con las tradiciones de las culturas premodernas:

“Pero habría que precisar que esta reivindicación de la utopía socialista en América Latina (válida también para los países occidentales, donde la modernidad capitalista ya se ha consumado y topado con un límite insalvable) tiene que tomar en cuenta en América Latina lo que advirtió Mariátegui: los elementos premodernos, indígenas, que no pueden ser destruidos ni absorbidos en nombre de la modernidad. Solo así se puede hablarse propiamente de una modernidad no capitalista, de signo socialista, para América Latina, que no sea, una vez más, un calco o una copia de Occidente. Esa es la alternativa (por lejana que esté su reivindicación) que se ha de reivindicar”

 Personalmente pienso que la tarea actual de la filosofía  latinoamericana, además de comprender adecuadamente el lugar de nuestros países en el nuevo contexto histórico de la globalización, implica también pensar en una alternativa a la posmodernidad capitalista. A esta alternativa a la modernidad, dada su ruptura con la realmente existente, podemos llamarla ciertamente “otra posmodernidad” siempre que esta categoría se precise y se libere de la maraña de los filósofos del posmodernismo

El barroco como otra forma de modernidad

Si lo que actualmente vemos es la extinción de la modernidad capitalista (no sólo como forma de organización económica sino también cultural, porque implica una racionalidad instrumental, desligada de la ética), nos queda entonces mirar hacia la cultura en América Latina. Vemos la necesidad de revalorar nuestro ethos barroco y examinar sus posibilidades de conformar otra racionalidad. En vez de una visión pesimista de la cultura se nos abre una perspectiva esperanzadora pues se trata de otra modernidad todavía no realizada.

El mestizaje ofrece la posibilidad de profundizar un horizonte cultural que impediría la catástrofe social (ocasionada evidentemente por el colonialismo europeo y estadounidense). Pero no se trata de reivindicar cualquier mestizaje ya como bien observa Guillermo Hurtado en el caso de México el mestizaje sólo sirve para encubrir los conflictos sociales desde diversas políticas nacionalistas. En este sentido es muy razonable su señalamiento de que debemos replantear la categoría de la hermenéutica analógica como algo dialéctico y no como lo que anula las contradicciones.

 Quizá haya que replantear también, la categoría del ethos barroco ya que hay mayores razones y fundamentos históricos para repensar la definición de la cultura desde una perspectiva multicultural (es decir, ya no en términos esencialistas ni monoculturales). Pero no basta con esto: las ideas por sí solas no cambian nada. El problema es afirmar la posibilidad de su viabilidad histórica.

¿El ethos barroco es una alternativa real frente al capitalismo neoliberal?

El otro desafío de la filosofía en América Latina es cómo comprender y vincularse con las fuerzas y movimientos sociales para enfrentar la globalización.

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¿La hermenéutica analógica barroca sigue en pie? Aunque adolezca de imprecisiones conceptuales (como toda teoría en proceso es perfectible). Aunque ambos nos mantenemos, en lo fundamental en nuestras posiciones de partida, sin embargo, pese al disenso (que es mejor que el consenso) podemos discutir libremente, avanzar en el debate pensando desde múltiples perspectivas el mismo problema.

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3 comentarios sobre “Cómo construir categorías para pensar la realidad de América Latina

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