La teoría educativa de Giorgio Agamben: juego, potencia y pedagogía crítica

educación agamben

Según Giorgio Agamben para comprender la educación desde un enfoque no tecnocrático necesitamos hacer una inversión radical.

La inversión de lo educativo significa que no es la vida la que crea el juego sino que es el juego el que crea la vida. Esto implica cuestionar la educación basada en la transmisión de datos, como pura relación técnica entre sujeto y objeto. El juego es una relación de construcción imaginaria, de creación de fábulas. Esto significa que al igual que la literatura, la pedagogía también tiene que basarse en la construcción de modelos, no en la pura representación o en un simple ajuste a una realidad que no existe.

Hablar del juego en educación no significa convertirse en sujeto técnico, de habilidades. Tampoco significa quedarse dentro de la mente, Agamben insiste en que no debemos confundir la potencia con inacción o inactividad. La potencia puede actuar a través del juego, por ejemplo dentro del aula, el niño puede jugar a representarse varios personajes. La potencia puede ser imaginación práctica. A través del juego se ejercita la profanación, que es lo contrario de la secularización.

El juego como algo serio subvierte la realidad, mientras que la secularización no. El juego se parece más al arte ya que pone en acción la fantasía y lo imaginario. El arte también transforma lo real porque niega, tiene la capacidad o potencia de la negatividad, es decir, nos libera de las coacciones y leyes.

El juego como el arte rompe todo sentido de seriedad, de que hay un progreso, un mejoramiento, una evolución. No estamos en el plano de la utilidad y de la productividad sino más bien en el plano del disfrute y del placer. Si aceptamos otra lógica donde la educación no pasa por procesos de control y de evaluación, entonces entenderíamos que hay otra lógica relacionada con otras formas de pedagogía (la educación no pasa únicamente a través de conceptos, de categorías lógicas sino a través de mitos, fábulas, rituales, fiestas).

La cultura oral es otra forma de conocimiento del mundo. La educación no es únicamente aprender técnicas y habilidades sino de comprender el sentido de la vida. Se trata de comprender otras experiencias significativas de lo que es la felicidad y la libertad. La comunidad en educación se puede plantear ¿dentro de la escuela o fuera? Dentro no puede ser ya que se reprime el juego y el arte. ¿Se puede decir entonces de que es imprescindible salir de la escuela? En cierta medida es necesario salir fuera ya que solo así se restablece el contacto con los seres vivientes de la naturaleza (dentro del aula solo hay nombres).

Hay otra manera de relación educativa más rica, tampoco hay que reprimir la naturaleza que está dentro de uno mismo. Hay naturaleza afuera y adentro, la educación tiene que reconciliarse con toda la naturaleza.

 La biopolítica en educación funciona eliminando la formación de la potencia cuando se reduce a los alumnos a puro adiestramiento técnico. La administración de la vida se reduce a la administración puramente biológica, lo que equivale a la reducción de lo humano a mano de obra barata. Frente a la pedagogía positivista y empirista que plantean únicamente formar habilidades técnicas, Agamben propone centrarse en la potencia, no en el acto, esto quiere decir que hay que romper con el enfoque cientificista que solo ve acciones. Se trata más bien formar la capacidad de ser, esto es la potencia, no se trata de llegar a fines y metas con instrumentos. La comunidad educativa no necesita instrumentalizarse, es decir, que pase de la potencia al acto ya que entonces se burocratiza. La pedagogía positivista como conjunto de acciones se reduce a procesos técnicos de aprendizaje, de enseñanza mecánica. El alumno se concibe como sujeto de habilidades. Los maestros así educados no pueden concebir otra cosa que el adiestramiento técnico. Conciben al estudiante no como un ser en potencia sino siempre como un sujeto manipulable, que se construye, se educa, se forma en la acción, que se adapta y se socializa.

Para Agamben la comunidad en educación implica hablar de comunidad siempre abierta. La idea de potencia implica que un niño puede ser en potencia cualquier cosa, no hay nada que le impida ser o devenir. No está predestinado genéticamente para ser algo, la potencia tiene que ver más bien con la capacidad para hacer o llegar a ser alguien. No se trata de educar habilidades innatas, como si la educación fuera realizar una vocación (unos tienen aptitudes para la matemática, otras para esto y lo otro, etc). Todos tenemos las mismas capacidades, nadie está destinado a realizar alguna profesión. La idea de destino entre  los griegos y los estoicos no era algo determinado por los dioses ni por la naturaleza, sino más bien algo que tiene que ver con la combinación o complementación entre la libertad individual y el destino, la determinación externa.

Cabe destacar el modo en que la teoría educativa de Agamben se conecta con su teoría filosófica de lo abierto.

Para Agamben lo abierto, como proceso educativo, se relaciona con el problema de la latencia y la ilatencia, la oscuridad y la luz, el silencio y el lenguaje. También los seres humanos somos como las cigarras que cantan hasta morir. Esta es una situación parecida a aquella donde parece imposible encontrar luz en la oscuridad. Muerte es igual a oscuridad; vida, igual a luz; revelación igual a misterio. Si hay misterio y silencio, tiene que haber revelación, así también en lo abierto y lo cerrado hay una lógica de la muerte y de la vida, sólo que no son términos opuestos sino complementarios. La luz como la vida surge de la oscuridad y de la muerte. Lo que está más escondido es lo que revela en lo profundo del bosque oscuro una luz que se va haciendo poco a poco más enceguecedora.

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