La narrativa de Adolfo Cáceres Romero

En general, la obra narrativa de Adolfo Cáceres Romero se caracteriza por no contar historias literales sino de imaginación sensorial; es decir, más que una narrativa basada en la transmisión de ideas explicativas o conceptos, se trata una forma literaria basada en la expresión de estados de ánimo y de sentimientos. En lugar de imágenes que expliquen cosas de una manera concreta, son símbolos que el lector puede sentir y comprender de otra manera. Por ejemplo en El último khipucamayo se trata de la búsqueda de ciertos colores como el rojo sangre de Drago y del azul de Anqas que simbolizan la recuperación de nuestra memoria colectiva. El khipus no es un tipo de escritura gráfica ni tampoco un sistema de numeración. Es sobre todo un lenguaje de colores que transmite estados de ánimo y símbolos, más que ideas. Esta utilización de los colores para definir una diferente forma de racionalidad basada en la sensibilidad nos recuerda la trilogía de Kieslovski Azul, Rojo, Blanco. Igualmente hay aquí una descripción de colores como símbolos equivalentes a ideales universales (justicia, fraternidad, igualdad).

Es importante subrayar estos elementos de naturaleza sensible y simbólica en la obra narrativa de Cáceres que ponen en alto los méritos estéticos de este escritor. No se puede pasar por alto que Adolfo Cáceres Romero ha demostrado un trabajo constante y riguroso hasta sus últimos relatos, que han sido reconocidos por su excelencia, como por ejemplo El charanguista de Boquerón (Premio Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”).
Es necesario interpretar ciertos símbolos y mitos para revalorar su obra narrativa relacionando temas nucleares que antes eran difícilmente advertidos. Estos temas son de naturaleza sociopolítica, indígena y mitológica.

En general lo que caracteriza a los cuentos de Cáceres es que no tratan historias de héroes sino de gente normal que realizan sus actividades cotidianas como un entierro o una boda (“Golpe siete”), o una enfermedad. Casi siempre hay un hecho que rompe la rutina a raíz de un golpe militar. ¿Estas interrupciones son del orden simbólico del mal? Por ejemplo el “Golpe seis” sirve como modelo de lo que intenta describir el autor, los personajes no son militantes políticos, se trata simplemente de personas comunes como un albañil que lleva a su mujer a un hospital, pero en el trayecto los suben a un camión militar; nunca llegan al hospital sino a un cementerio clandestino donde los entierran junto con el cargamento de heridos y moribundos. Aparentemente hay un aspecto “no partidista de estos relatos,” como si el autor no quisiera comprometerse sino narrar como simple testigo de los hechos pero como dice José Ortega “se percibe la vena crítica del ineludible compromiso del autor se canaliza a través de la ironía” .


En efecto, la literatura de Cáceres es una forma irónica de decir no al golpismo. Se puede ver en su técnica narrativa lo que los psicoanalistas y filósofos denominan un proceso de “desplazamiento” de lo inconsciente a lo consciente ¿qué son si no esos desplazamientos de la violencia política a la vida cotidiana? Gilles Deleuze habla de una especie de representación literaria de los marginados, es decir, lo que escapa al poder del centro, aquello que sólo existe en los espacios ocultos o en los suburbios. Cáceres diría: aquello que existe en la vida cotidiana, fuera del Estado y que sólo en apariencia no es importante. En realidad son importantes y merecen la atención de los escritores porque justamente en estos espacios marginados es donde se plantean los principales dilemas morales y existenciales.
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Símbolos y mitos en la obra narrativa de Adolfo Cáceres Romero

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