El transporte urbano como problema ecológico

teleférico

En este artículo se describe y se valora la reciente experiencia de transporte urbano : el “Teleférico” de la ciudad de La Paz, Bolivia. Esta experiencia representa una alternativa viable para otras ciudades, como la ciudad de México, ciudad que no ha encontrado una solución desde el punto de vista ecológico. Hace falta pensar el transporte urbano en función no de un desarrollismo capitalista sino de un contexto posindustrial y posmoderno (esto es, de la crisis del proyecto modernizador). Esto significa que hace falta urgente tener conocimiento de que no todos están de acuerdo con políticas desarrollistas que en nombre del progreso únicamente destruyen el medio ambiente.

Entre sus principales ventajas se pueden señalar:
– evita el congestionamiento vehicular
– no se producen atascos
– es rápido (sólo se necesita de 10 a 20 minutos para desplazarse), lo que en las
– calles pendientes de La Paz demandaba recorridos tortuosos de más de dos
horas, por lo menos.
-es muy barato (menos de medio dólar por viaje) y transporta muchos más
pasajeros que teleféricos de otras ciudades del mundo, como por ejemplo, el de
Londres.
– no contamina

Tener cuidado con la implementación de proyectos antiecológicos puede
tener graves repercusiones incluso en la definición de una política
democrática ¿cómo podría democratizarse realmente un país si los gobiernos
siguen aferrados a una ideología desarrollista?. Hay que tener cuidado en la
implementación de megaproyectos antiecológicos como el Tren Maya, el
aeropuerto de Santa Lucía o la refinería de Tabasco. Lo que está haciendo falta es una conciencia sintética de que cualquier transformación social moderna requiere puntos de vista ecologistas y de que “un programa ecologista implica para empezar una revolución
social.
Aunque el teleférico de La Paz no es un modelo impecable, ya que mucha
gente no alcanza sus beneficios (lo que se comprueba cada vez que hay una
huelga de transportistas de minibuses agremiados que paralizan la ciudad),
sin embargo, como proyecto ecológico tiene un buen futuro.

Es importante volver la mirada sobre la transformación de las ciudades. No hay que
pensar que únicamente debemos aceptar o adaptarnos a las necesidades del capital
sino que hay que convertir, como dice el filósofo Henri Levebvre, lo homogéneo en
heterogéneo, lo vertical en horizontal. Hay que reapropiarnos de las ciudades
construyendo sentidos de dirección múltiple. Habitar la ciudad también significa
inventar nuevos medios de transporte que no sean contaminantes y destructores de
la naturaleza.

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